lunes, 25 de mayo de 2020

Sutil Misoginia. Misoginia Impune





¿No es ese desdén hacia la vida de las mujeres
 una forma de misoginia en sí mismo?
(Nuria Varela: 2017)

Luego de un proceso intenso, desgastante, que nos llevó varios días y noches, en la sistematización de datos estadísticos sobre violencia contra las mujeres en Zacatecas, logramos compilar, analizar y verificar información de más de siete instituciones, para tener listo el segundo informe sobre las atenciones a la violencia familiar durante la contingencia por COVID-19.

Además de hacer público el informe de manera oficial, es decir, como parte de gobierno del estado, difundí los datos en mis redes sociales: “aumentan las atenciones sobre violencia familiar en un 90.25%”.

A los pocos días de haberlo hecho, recibí un mensaje que, desde mi punto de vista, fue ofensivo por venir de quien venía: esas cifras son falsas –me decían–. Ayer se habló del tema. Ojalá te informaras más antes de difundir falsedades.

Esa persona, o cuenta o bot, se refería a una reunión que sostuvieron en secretaría de gobernación, el secretariado ejecutivo del sistema nacional de seguridad pública, la comisión nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, el instituto nacional de las mujeres, el instituto de desarrollo social, entre otras autoridades federales. Lo sé porque ese mismo día nos dijeron que la Ministra en Retiro nos enviaba un saludo y reconocía nuestro trabajo en las entidades federativas.

Al mensaje en redes respondí que esos datos no eran falsos, que se referían a las estadísticas de atención de distintas instituciones públicas en Zacatecas. Aun así, reiteraron: son falsas, 911, Segob, Inmujeres, Conavim e Indesol tienen otros números (…) la violencia reside en quienes intentan violentar el ambiente a base de mentiras.

Cansada de tanto trabajo y de que constantemente se cuestione nuestro actuar, avisé a los chats que tenemos con Inmujeres e Indesol; recibí mensajes solidarios de mis homólogas, no así de las titulares de dichas instancias. Además, interpuse denuncia ante la policía cibernética.

Gran sorpresa me llevé cuando supe que la cuenta de la cual me escribieron pertenece a una red de redes sociales que trabaja para algunas instituciones federales; y allí tenía la reacción por atreverme a decir que sí hay incremento, que las atenciones no son falsas y que detrás de los números hay mujeres y niñas en condiciones de violencia muy graves.

Gran decepción me llevé al saber que son las propias instituciones federales las que vigilan a sus homólogas en las entidades federativas, realizando llamadas telefónicas para verificar que efectivamente estemos trabajando y brindando los servicios, como si no existiera un sistema federal en México. Por ello, lo grave del mensaje no era el intercambio de aseveraciones o descalificaciones de persona a persona (como muchas lo pensaron); sino de que proviniera de instituciones federales que usan sus aparatos y/o dispositivos gubernamentales contra el trabajo de los gobiernos locales. Vigilar y controlar.

Cansada y decepcionada de la violencia recibida de quienes se esperaba una reacción sororal; de que sea en el propio mecanismo para el adelanto de las mujeres en donde mayor violencia y menos solidaridad se vive; desgastada de tantas violencias internas, externas y hasta auto violencias,  decidí poner pausa y ausentarme a través de la lectura de Nuria Varela “Cansadas. Una reacción feminista frente a la nueve misoginia”.

Conforme avanzaba en la lectura, algunas frases me recordaron varios episodios que provocaron y provocan sentimientos de angustia, miedo y tristeza al estar al frente de la Secretaría de las Mujeres; y que quiero compartirles a manera de mostrar mi experiencia dolorosa en una institución que trabaja por el respeto de los derechos humanos de las mujeres, pero que en muchas ocasiones no puede garantizar ni los propios:

Primera frase: ¿De qué estamos cansadas? Del menosprecio.
Recién llegada a la Secretaría de las Mujeres me invitaron a participar en un evento del grupo estatal de prevención del embarazo en adolescentes, de la cual soy secretaria técnica. Me presenté temprano, aun no estaban los titulares, la mayoría hombres, así que decidí visitar los stand de servicios que cada institución ofrecía en ese lugar. Cuando acordé ya habían comenzado el evento, iniciaron sin mi, esperaron a que llegaran los masculinos e iniciaron, jamás me avisaron; me dejaron fuera a pesar de estar desde temprano. Luego me ofrecieron una disculpa, me comentaron que ya no me podían integrar al presídium porque ya estaba completo, que sería para la próxima. Me retiré del lugar con el primer nudo en la garganta.

Segunda frase: ¿De qué estamos cansadas? De la falta de respeto.
En algunas reuniones mi lugar siempre estuvo con las y los directores generales de los Institutos, no así de las Secretarías de Estado. En alguna ocasión preguntaron si había alguna intervención y fui la tercera en levantar la mano. Como hubo varias solicitudes para hacer uso de la voz decidieron que las intervenciones serían de derecha a izquierda. Así que esperé mi turno. Cuando por fin podría colocar el tema que me ocupaba, me brincaron, cedieron la participación a otro Secretario. Para hacerme notar, tuve que levantarme para fingir que iba al baño y miré con ojos de “sí existo” a quien fungía como moderador. Salí muy molesta por esa falta de respeto, cuando regresé, me entregaron el micrófono para poder participar. Segundo nudo en la garganta. A partir de entonces mi lugar está con las y los secretarios de estado.

Tercera frase: ¿Quiénes son hoy los guardianes del patriarcado que están ejerciendo esa presión?
En una ocasión se me ocurrió -como mi tuit sobre el aumento de la violencia familiar- declarar en medios de comunicación que, luego de los talleres en algunas secundarias de la entidad, encontramos que se realizaban prácticas que ponían en riesgo la integridad sexual de las jóvenes (en realidad usé otro término que escandalizó no solamente a la sociedad zacatecana, sino a México y hasta Argentina). Durante cuatro meses recibí todo tipo de descalificaciones, agresiones y violencias desde las instituciones, los medios de comunicación y de algunas organizaciones de la sociedad civil, ¿cómo se me ocurría ser tan irresponsable y exabrupta con mis declaraciones? Casi me ganaba una recomendación de la CNDH, hasta que aclaré cómo se había manipulado la información. Ese pasaje tan horroroso, que hacía que despertara a media noche por la falta de respiración provocada por la ansiedad, y que se haya vuelto una obsesión revisar a las 5:00am qué habían escrito sobre mi en los diarios locales, me enseñó que el patriarcado tiene guardianes y guardianas que no permitirían que sus cimientos se tambalearan; aprendí que en este ambiente las verdades deben declararse a medias si no quieres ser agredida día y noche. Tercer nudo en la garganta y primera sensación de angustia.

Cuarta frase: ¿Y de qué más estamos cansadas? De la soberbia.
Un día, como encargada de elaborar el informe de cumplimiento de la Alerta de Género en Zacatecas, solicité a algunos titulares, varones, sus acciones relativas a prevenir, atender o sancionar la violencia contra las mujeres. Me limitaré a transcribir sus soberbias respuestas: “¿Ud. quiere tener problemas conmigo? Adelante, no sabe con quien se mete, no sabe quien soy yo”; “Yo elaboro los reglamentos que quiera porque soy quien ordena en esta institución”; “Doña Adriana, Ud. no sabe de lo que estamos hablando, debe informarse, además la situación no me da para atender a mujeres y a hombres, esto debe ser parejo”. Cuarto nudo en la garganta y pavor por mi seguridad y la de mi familia.

Quinta frase: Las semillas del odio. ¡Sáquenme de aquí!
La mayoría de los mecanismos para el adelanto de las mujeres en México no cuentan con recursos presupuestales, materiales y personal suficientes para realizar las múltiples funciones atribuidas; los trabajos realizados son a marchas forzadas y con una inversión de tiempo que permita dar los resultados que constantemente nos exigen: nos levantamos temprano, nos dormimos tarde, desayunamos y comemos al mismo tiempo, y casi nunca hay recurso para comprar al menos unos tacos o unos burritos. Las titulares vivimos una tensión que pudiera definirse como “no somos de aquí ni de allá”, somos per se las hijas olvidadas de las instituciones y las enemigas de las organizaciones civiles. El principal ataque que recibimos proviene del personal de los institutos o secretarías, nos ganamos hasta demandas laborales que -segura estoy- en otras dependencias ni se lo plantearían, pero como trabajan en una que es dirigida por una mujer entonces hay que molestarla a costa de lo que sea generando la falsa idea de gran acosadora laboral. Al respecto no hay nada que hacer, solo recordarte todos los días que tú no tienes margen de error ya que esperan a que lo cometas para ser señalado, magnificado y publicado. Quinto nudo en la garganta y ganas de salir corriendo.

Sexta frase: Cuándo las mujeres sufren los índices de violencia, es la instancia de las mujeres la moribunda.
Llevo casi 4 años siendo de la responsable, sin serlo, de las violencias que viven las zacatecanas. De los asesinatos, de los feminicidios, de la violencia familiar, de la ineficiencia de las instituciones, de los malos servidores públicos, de la burocracia. De la filtración de audios y videos. De los señalamientos a los movimientos de mujeres y feministas. De los reclamos y los silencios. De los pronunciamientos emitidos y no emitidos. Hasta responsable del magro presupuesto asignado año con año y de la falta de apoyo a la política de igualdad. Aquí ya no hay nudo en la garganta, hay un deseo incontrolable de gritar, de expresarles que estoy harta de su evidente misoginia.

Séptima frase: El silencio, mandato patriarcal por excelencia.
Mi silencio ante la estructura misógina y patriarcal incrustada en el tuétano de las instituciones y de quienes las conducen, administran y operan, no es por complicidad, es por cansancio, cansancio absoluto; porque aprendes que hasta debes defenderte sola, que no hay quien acompañe esos procesos porque solo hay espectadoras. Es por decepción. Por vivir en carne propia la cultura del menosprecio, esa que te invita al silencio porque no hay nadie que le haga frente a la misógina impune.

Hay muchas frases en ese libro, la octava, la novena, la décima, que me recordaron que estoy cansada, quizá igual que muchas; harta del desdén hacia la vida de las mujeres, no sólo a la de las calles, a las de las comunidades, a las de las casas, sino también a la de las instituciones; cansada de solicitar, gestionar, exigir, llamar y explicar; cansada de que a cambio de tantas argumentaciones se obtenga un silencio o dos palomitas azules que indican que te dejaron en visto. Agotada de esa sutil misoginia que queda sin el castigo de quien realmente lo merece, que el castigo o señalamiento se traslade a la titular que no grita, no defiende, no reclama, no habla y no enfrenta al misógino que, además, todo mundo sabe que es impune.

miércoles, 26 de febrero de 2020

8 DE MARZO. LAS HUELGAS DE MUJERES CAMBIAN EL MUNDO




(Imagen de la colectiva feminista de Veracruz "Brujas del Mar")


Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
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El próximo 9 de marzo se ha convocado a un Paro Nacional de Mujeres; una huelga feminista que comenzó a visibilizarse y tener mayor fuerza a nivel mundial a partir de 2017, pues en más de 40 países se organizó la interrupción, por un día, de todas las actividades productivas y reproductivas que realizan las mujeres.
No obstante, estas paralizaciones laborales remontan a la lucha que hace más de un siglo algunas obreras iniciaron en diversas partes del mundo (Rusia, Austria, Alemania, Estados Unidos, España). Los objetivos fueron diversos, en aquel entonces no lo fueron feministas, sino de clase, la obrera, y estaban relacionados con mejorar sus condiciones laborales y las de vida de sus familias. En la mayoría de las huelgas, las mujeres fueron reprimidas. De allí la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, declarada por la ONU en 1975.
Hay que tenerlo presente, la estrategia de las mujeres de detener la producción, el trabajo y el aporte a la economía, tiene hoy una nueva cita con la historia, por ello se ha convocado al Paro Nacional. Ahora se conjunta la sinergia de mujeres emplazadas por un denominador común: la protesta por la crisis de discriminación y violencia de género; pandemia que no encuentra límites en los espacios en donde se comete, ya sea familiar, laboral, escolar, universitario, comunitario o institucional; llegando a convertirse en un contexto feminicida, lo que significa que ningún espacio es seguro para las niñas y mujeres.
El Paro Nacional no lo definen, convocan o permiten las y los empleadores, patrones, el Presidente de la República, gobernadores, ni líderes religiosos, políticos o sociales. Lo ha definido la historia del movimiento de mujeres que reivindica el derecho al acceso al trabajo digno, asalariado en igualdad de condiciones y con seguridad social; al ejercicio pleno de todos los derechos humanos, para vivir libres de discriminación y de violencia.
La historia de las mujeres ha visibilizado que, gracias a los movimientos sociales, ahora el trabajo digno —incluido el derecho a la huelga y al paro— sea un derecho constitucionalmente reconocido a las mujeres. Por lo que, en el ejercicio del mismo, debe respetarse plenamente la dignidad humana de las trabajadoras: del hogar, jornaleras, textiles, maestras, taxistas, de la construcción, asistentes, servidora públicas, funcionarias, militantes de un partido político, reporteras, defensoras de derechos humanos, directoras, diputadas, senadoras, juezas, magistradas, docentes, investigadoras, comunicadoras, fotógrafas, artistas, poetas, pintoras, escritoras.
Por ello, el principal cuestionamiento al que debemos acudir, cuando pensemos en el Paro del 9 de marzo, no es quién está detrás del mismo, eso —desde mi punto de vista— es ocioso y mal intencionado. Lo que hay que señalar con contundencia es el hecho de que las mujeres, en todas las latitudes, viven condiciones de discriminación y violencia que no deben justificarse, permitirse ni promoverse. La violencia debe ser erradicada de una vez por todas.
En el marco de la huelga de mujeres de este año, pregúntese si la incorporación masiva de las mujeres al ámbito laboral ha implicado el reconocimiento del derecho a salario igual, al acceso a la seguridad social, a condiciones laborales dignas; si a las trabajadoras domésticas se les reconocen sus derechos laborales; si las mujeres con alguna discapacidad son tratadas con respeto o si en realidad tienen acceso a un trabajo digno. Revise la condición de las mujeres indígenas, en qué espacios y situaciones laborales están siendo contratadas; cuestiónese si las jóvenes tienen acceso a trabajos que permitan su desarrollo profesional. Analice si las adultas mayores tienen acceso al trabajo o, si lo tuvieron, se garantiza su derecho a la pensión digna; si a las mujeres que realizan el cuidado de los otros se les reconoce como trabajadoras; si aquellas que deciden emprender un negocio lo hacen en las mismas condiciones que los hombres; o si las periodistas tienen las mismas oportunidades laborales y salariales que sus compañeros; si las servidoras públicas laboran libres de acoso y hostigamiento sexual. Es más, pregúntese si las mujeres trabajadoras pueden ejercer libremente su derecho a la huelga o al paro sin que sean señaladas, reprimidas, violentadas, persuadidas, se minimice o ridiculice su capacidad de organización. Luego preguntémonos: ¿qué hacemos como personas, como gobierno, como autoridad, como Estado para mejorar las condiciones de las mujeres, para eliminar la discriminación, la violencia, los asesinatos de filas y mujeres, para cambiar la vida de muchas?
El derecho a la huelga y/o al paro de labores están enraizados históricamente en la estructura de la resistencia obrera y de las reivindicaciones del trabajo organizado. Más allá de una visión formal o legalista —ya que este derecho está regulado con base a principios, clasificaciones y procedimientos específicos—, tienen fuerza reivindicatoria, por tanto, pueden comprender intereses profesionales, laborales, económicos, sociales, culturales, políticos, entre otros. Eso no debe perderse de vista, debemos tenerlo en cuenta al momento de ir colectivamente por un objetivo en común. De otra manera, se permitiría desvirtuar la protesta.
El Paro de Mujeres es resultado del ejercicio de un derecho humano, no es concesión de nadie; por lo que hay que dejar claro que no se circunscribe a llamados individuales, políticos, partidistas o de un grupo o movimiento específico; no es propiedad de nadie. Por su naturaleza, se acompaña, se respeta y/o se generan las condiciones para que se lleve a cabo en un ambiente de libertad y seguridad.
El Paro es de mujeres. Para que dejen de vivir en condiciones desiguales y violentas tanto en el espacio privado como el público. Su poderío está en la fuerza reivindicativa de los movimientos que lo impulsan. Su incidencia está en las redes que se puedan construir a favor de nosotras, de todas. 
Ahora se han sumado instancias del gobierno federal, de los estados, universidades, partidos políticos, iniciativa privada, medios de comunicación. El gran logro, este 2020, es que el Paro de Mujeres está en la Agenda Nacional y es un hecho nunca antes visto.
Por ello, en el marco del Día Internacional de la Mujer evite regalar flores o chocolates. Evite mensajes de felicitación. No hay nada que festejar. La conmemoración del 8 de marzo se instauró para la concientización acerca de la condición de las mujeres en diversos espacios y ámbitos de la vida. Es para hacer un a la conciencia y a la acción sea individual o colectiva.
Este 9 de marzo que las mujeres paren. Que cada quien lo haga —como bien lo han dicho compañeras feministas que aprecio, valoro y respeto mucho— "de acuerdo a su interseccionalidad", esa es la mejor manera de conmemorar.

miércoles, 12 de febrero de 2020

La sororidad de Marcela Lagarde me conmueve



Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
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“Si tú le preguntas a otra ¿qué te conmueve? Tocas lo que a ti te conmueve”, dijo Marcela Lagarde, mientras todas las presentes dejaron asomar las lágrimas ante tantas muestras de sororidad. 

Hace un año, en el marco del 20 aniversario de Inmuza-Semujer, tuve la oportunidad de escuchar, leer y escribir sobre este mecanismo para el adelanto de las mujeres, sobre sus titulares y las osc que impulsaron su creación. Las historias de todas me conmovieron. Aprendí que las redes entre mujeres, de sororidad, se tejen con el hilo del reconocimiento. 

Lamentablemente, cuando de instancias de las mujeres se habla, lo más recurrente que escuchas es: "allí vienen otra vez estas p. viejas", "ahora qué quieren", "allí van otra vez con su igualdad", "ches feminazis", "debería haber una secretaría para los hombres". Por otra parte, también se suele escuchar: “no sirven de nada”, “no hay perfiles”, “son cómplices del estado”, “no son sensibles con las compañeras”, “no quieren soltar sus privilegios”, “se quedan calladas por mantener sus sueldos”, “no son feministas". Un largo y sin fin de descalificaciones. Dicha práctica está más cercana a un sistema machista, misógino, dominante y patriarcal que a una filosofía feminista. 

Por ello hoy, queridas compañeras y amigas, hoy más que nunca me asumo feminista, reconozco y respeto el movimiento en su gran diversidad. 

En mi siempre encontrarán, en la medida de mis posibilidades, a una aliada para realizar acciones a favor de la igualdad y la erradicación de la violencia de género. 

Quizá no logre estar a la altura de alguna expectativa o de algún feministrómetro malamente aplicado, pero intento (desde las enseñanzas de grandes maestras que he tenido) vivir la sororidad como “una práctica política feminista, como un pacto para dedicar nuestras historias” (académicas, sociales, culturales, políticas, partidistas o institucionales) a mejorar la vida de las mujeres. 

En mi siempre encontrarán respeto absoluto a las diferentes formas y estilos de reivindicación feminista, porque al igual que todas quiero que la violencia hacia niñas, jóvenes y adultas se termine, quiero una vida en paz, por ello invitaré a la unión en la diversidad.

Vamos todas por un objetivo en común, hagámoslo como cada quien puede, porque como nos dice Marcela Lagarde:  “lo constructivo del feminismo es que, en medio de conflictos y contracciones, siempre propone y busca alternativas”.


¿A ti qué te conmueve?




Inmuza-Semujer no nace, se hace.



El 15 de septiembre de 2016, durante el trayecto de varias horas a un municipio de nuestra entidad, surgió la idea de escribir sobre la experiencia de las titulares del Instituto para la Mujer Zacatecana y de la Secretaría de las Mujeres. El trabajo que han realizado todas no ha sido sencillo, en algunos momentos se tuvieron que enfrentar a lo que ellas mismas han definido como un sentimiento de ausencia de pertenencia tanto al quehacer gubernamental como a la reivindicación social: “no se sabe si eres de aquí o de allá, solo sabes que debes trabajar.” 

Este año se materializa un sueño, el de darle voz a las Directoras Generales o Secretarias de las Mujeres del Estado de Zacatecas. Ellas escriben su historia, la que nació hace 20 años gracias a las demandas, reivindicaciones y acompañamiento de los movimientos feministas y de mujeres de nuestra entidad. 

Inmuza es la inspiración de las zacatecanas, de quienes lo pensaron y lo hicieron posible, quienes trabajaron día y noche para contar con una Instancia que institucionalizara la obligación de todas las autoridades de reconocer, promover, proteger y garantizar los derechos humanos de las mujeres; con una Dependencia que dirigiera la política de igualdad entre mujeres y hombres en toda la entidad federativa. 

La reconocida filósofa feminista, Celia Amorós, asegura que “conceptualizar es politizar, es hacer pasar de la anécdota a la categoría”; de reconocer que la desigualdad entre mujeres y hombres tiene una dimensión estructural. Por ello, la transversalización de la perspectiva de género va más allá de una metodología o de forma de trabajo, porque no es lo que han considerado como una trivialización de las reivindicaciones feministas; es, por lo contrario, convertirlas en un asunto de Estado; para ello se requieren puentes de comunicación que son los mecanismos para el adelanto de las mujeres. 

Camino hacia la igualdad. Inspiración entonces y ahora tiene la intención de poner en perspectiva las luchas de las mujeres, de las zacatecanas, de documentar el proceso a través del cual se transitó del caso a una Ley, a un Instituto, a las políticas públicas, a acciones  concretas; de la transición de la anécdota a la Instancia rectora de la política de igualdad. 

Memorias de Semujer 1999-2019 fue escrito con base en las experiencias y vivencias de once mujeres que estuvieron al frente de Inmuza y Semujer; así como de actoras estratégicas que impulsaron desde la sociedad civil y otros organismos la creación, fortalecimiento y sobrevivencia de este mecanismo. Sus entrevistas fueron reforzadas con fuentes documentales y hemerográficas; sin embargo, fue la voz de ellas la que dio vida a este primer ejercicio de historia del mecanismo para el adelanto de las mujeres en Zacatecas. 

Documentar estas Memorias no fue tarea sencilla, en muchas ocasiones hubo dificultades para encontrar fuentes directas del trabajo que realizaron las titulares de esta Instancia. Sabemos bien que, hasta para recuperar un hecho histórico, hay un sesgo de género marcado por un sistema patriarcal, machista y androcéntrico que no deja huella de la labor de las mujeres. Por ello, este ejercicio encuentra sus propias deficiencias, lo reconocemos, pero es una labor que hacemos con la conciencia de que es necesario hacer visible lo invisible hasta donde podamos. 

Exponer a la luz los trabajos que realizaron las titulares de la Instancia para la Mujeres en Zacatecas es nuestro deber. Las redes entre mujeres, de sororidad, se tejen con el hilo del reconocimiento. Por esto, agradecemos a todas las mujeres que han dado su vida, su tiempo, sus sueños, sus convicciones y su trabajo para que hoy contemos en nuestra entidad con una Secretaría de la Mujeres. 

Estas Memorias son suyas y pretenden hacer justicia a todas, porque gracias a su trabajo continuo hoy podemos celebrar 20 años de Inmuza-Semujer. 

Inmuza-Semujer no nace, se hace. 

Adriana Guadalupe Rivero Garza Secretaria de las Mujeres del Estado de Zacatecas 

Zacatecas, Zacatecas, 8 de marzo de 2019 

sábado, 24 de noviembre de 2018

Querida Pequeña

Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
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Querida Pequeña:

No me conoces, pero yo a ti sí. Te conocí el sábado 21 de julio de 2018, cuando nos reportaron tu desaparición. Vi tantas veces tu fotografía para reconocer cualquier detalle tuyo.

Eran las once de la mañana cuando se envió notificación de activación tu búsqueda. 

Querida Pequeña, no me conoces por eso quizá dudes si te digo lo que sentí al recibir la llamada. Me temblaron las piernas, sentí un vacío en el corazón y un miedo profundo.  Sé muy bien que las primeras horas son primordiales; así que no se debe dudar ni un segundo para comenzar la búsqueda “donde sea y con quien sea”. 

No me conoces Pequeña, pero quiero decirte que -aunque escuches una y otra vez que no te buscamos- sí lo hicimos, sí te buscamos de manera inmediata. No solo por obligación, sino porque de verdad nos importas, al igual que todas las niñas.

Querida Pequeña, quiero que sepas que muchas personas te buscamos incansablemente durante 60 horas, se revisaron archivos, registros, cámaras. Quiero que sepas que no estuvimos inactivos. 

Hay quienes comentan que estuvimos de brazos cruzados y nos tardamos en tu búsqueda. No es así, hay quienes lo saben porque formaron parte de ello.

Querida Pequeña, no nos conoces pero quiero que sepas que nos duele la forma en que te fuiste de este mundo que usa a las mujeres como objetos desechables y que es capaz de cometer las más atroces violencias a personitas como tú.

Querida, sí te buscamos. Y me llena de rabia no haber podido hacer más por ti. Si hubiera podido hubiera salido ese mismo día a tu búsqueda, tal como algunas personas lo propusieron: ¡vamos, salgamos, vayamos al lugar y busquemos nosotras mismas!

Sí te buscamos, pero la maldad te alcanzó muy rápido, no nos dio tiempo de encontrarte con vida y te lloramos, al igual que gente cercana tuya. Te lloramos llenas de rabia, de dolor, de indignación, de impotencia.

Querida, no me apena decirlo, también te rezamos, lo hicimos con toda la fe, imploramos que estuvieras con bien. Aun lo seguimos haciendo.

Pequeña, no te llenes del odio que han tratado de contagiarte. Hay gente buena en este mundo; esa gente estuvo buscándote día y noche para localizarte; no compartiendo tu foto en redes sociales, no; realmente estuvieron buscándote en todos lados, metiéndonos hasta donde no debíamos.

Querida Pequeña, descansa en paz. Muchas personas que nos quedamos en esta tierra no estamos tranquilas. Quizá pudimos haber hecho más, quizá debimos salir a gritar tu nombre por las calles, por los alrededores; quizá debimos despertar al vecindario para unirnos todos en un solo nombre.

Querida Pequeña, descansa en paz. Aquí no descansaremos hasta que se haga justicia por tu partida adelantada. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Querido amigo Víctor, tu ausencia es irreparable

Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
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Desde hace días, por una cosa o por otra, he reflexionado mucho sobre el valor de la amistad. Sobre ese sentimiento puro y desinteresado que se construye al compartir con otra persona tu vida, tu diario caminar. Sobre esa hermosa conexión que se logra con risas, música, lecturas, café, chelas, baile, llantos, enojos, reclamos e, incluso, silencios pactados.

Quienes han tenido la suerte de ser tocad@s por la fuerza de la amistad, sabrán que la pérdida de un ser que ha acompañado tus días es irreparable. Duele el corazón, el alma o ¡no sé qué! No puedo describirlo, pero alguna vez doña Almita Murillo escribió que “es como si lo que somos saliera poco a poco por una válvula de escape pequeñísima, una válvula que ese amigo o amiga que se nos separa deja abierta, en medio de las costillas y nos vamos desinflando del yo, del nosotros, de esos tiempos, de esas coincidencias,” (…) “No hallamos por dónde curar la ausencia”. ¡Sí eso! y menos cuando nos arrancan al amig@ de un tajo.

La semana pasada, nueve de agosto, estaba por terminar un informe de trabajo cuando recibí un terrible mensaje, de esos que nunca quieres atender, que preferirías no haberlos leído nunca; en él se informaba que nuestro amigo Víctor había perdido la vida. La respiración se detuvo por unos instantes y el trabajo por completo. Asimilé la noticia –sólo la noticia–, la corroboré por todas las vías posibles, con la esperanza de que no fuera verdad.  Era cierto, Víctor ya no estaría entre nosotr@s; ni su incalculable alegría por la vida, ni su optimismo, ni sus invitaciones a beber cerveza luego de una jornada de tres o cuatro horas de “historia de algo”. A Víctor lo alcanzó la inseguridad que vivimos en nuestro estado y nos dejó sin "el oxígeno que sólo los amigos proporcionan".

Luego de la lamentable noticia de su homicidio, comencé a leer las expresiones de dolor de quienes lo conocieron; yo sólo quería seguir acostada, envuelta en mi indignación y mi llanto, sin moverme, sin pensar, sin decir una palabra y me cuestionaba en silencio: ¿por qué dejé que las presiones cotidianas me impidieran estar presente en tu examen de grado?, hubiera podido abrazarte y felicitarte una vez más.

En esa tarde hubo un impasse, luego vinieron varios recuerdos sobre mis coincidencias con Víctor. El primero, cuando recién ingresamos al Doctorado en Historia, hace casi 4 años. Ese día se presentó, dijo que era Veterinario y que estaba en ese programa porque le gustaba la historia. Yo pensé: ¿este cuate qué hace aquí?; ¿es Veterinario y quiere estudiar un doctorado en HISTORIAAAA? Luego supe los motivos, los cuales, por cierto, eran prácticamente los mismos que los míos. Desde entonces, hice click con ese compa.

El segundo recuerdo que se presentó, el cual me hizo derramar todas las lágrimas que puedan Uds. imaginar, fue una sesión de la clase Modelos Conceptuales y Análisis Histórico I. ¡Unoooo!, o sea, ¡hay continuaciones de la primera parte!; ¡terror!; ¡qué materia más complicada! Neta, tremendamente difícil, como de otro planeta, aún me pregunto cómo le hacen l@s historiador@s para analizar tanta cosa. En fin, estaba sentada junto a Víctor, el docente nos repartió unas copias que había que leer, analizar y comentar en equipo. Mi amigo y una servidora nos volteamos a ver y en automático afirmamos: sólo vamos a leer. Cuando concluimos el primer paso de la dinámica, cruzamos nuevamente las miradas. No sabíamos qué decir. Tomó la iniciativa y preguntó: ¿Le entendiste? Con cara de what le conteste: ¡Ni madres! ¿Qué vamos a explicar? –me dijo–. Supongo que nada, esto viene en código historiador y tu eres veterinario y yo abogada; es la primera materia del primer semestre, sospecho ya valimos –le dije–. No nos quedó de otra más que soltar la carcajada.

Ese compa me cayó del cielo. Me sentía comprendida e identificada entre tanto(a) erudito(a) historiador(a). Mis compañer@s entendían todo, explicaban todo, leían en chinga, escribían igual; unos meses después me enteré que también tuvieron ese sentimiento de incertidumbre y fingían, como yo, que no pasaba nada, ja-ja. Pero, lo que sí es verdad es que se trata un grupo como en el que nunca he estado, nunca había conocido, ¡la rata les funciona en chinga a tod@s, no hay a cuál irle! Y, además, mis compañer@s y amig@s tienen un alto compromiso social, de ese que no se encuentra en cualquier lado.

Varios episodios con Víctor me estuvieron acompañando toda esa tarde y todos los días desde su partida. La forma como aligeraba las horas en las diferentes clases del doctorado, el ánimo que nos transmitió luego de que nos atizaran en los seminarios de tesis, su buen humor, la risa, los bolillos con miel que amablemente llevaba al aula, el aroma a tulipanes; las salidas a conocido lugar donde venden tacos y leones rojos en Zacatecas, las posadas en su casa y hasta el rescate de un perro que vivía maltratado por sus dueños. Horas interminables de plática y viajes al entonces DF, carcajadas por las perdidas que nos dábamos en el metro y por el dolor de estómago luego de tanto taco sudado de a $5. La visita a beber tepache en la Colonia Doctores, en el famoso lugar “La Hija de los Apaches” y la bailada estilo salsamerenguebanda en “Mamá Rumba”.

Segura estoy que si nos preguntan a quienes (gracias al Doctorado en Historia) conocimos a Víctor Castro Rosales, diremos que fue un gran amigo, de esos cuya ausencia duele, no se repara, sino que sólo se sobrevive.

Alguna vez escribí que espero que el dolor y la indignación que deja su homicidio se conviertan en acciones para reclamar un eficaz acceso a la justicia y que nunca, ¡nunca!, hechos tan lamentables como éste nos hagan caer en las garras de la indiferencia.

Hoy es día del Veterinario, tu partida duele y otra vez me acuerdo del texto de Almita: “Y al dolor, para que no nos arrastre por las calles, hay que nombrarlo".

Te queremos amigo y siempre te llevaremos en nuestros más gratos recuerdos.



sábado, 14 de mayo de 2016

El show de strippers que ofreció el SPAUAZ, los derechos humanos y las violencias contra las mujeres


Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
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A raíz del espectáculo de strippers, que el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas ofreció –yo digo impuso porque no hubo un acuerdo general previo para que esto sucediera– a las docentes, investigadoras o académicas de dicha Institución, se han vertido una serie de comentarios acerca del hecho y del comportamiento de las universitarias alrededor del mismo.
Me gustaría, amable lector, lectora, compartirle algunos aspectos del por qué considero que no debió contratarse un evento de este tipo (voy a quitar con motivo del festejo del día de la madre, mi voz hubiera alzado así se tratara de cualquier evento público) y, además, quisiera argumentar por qué una decisión institucional –no individual–, poco apegada a fomentar acciones a favor del respeto de los derechos de las mujeres trajo efectos negativos para las agremiadas y subrayo: específicamente contra todas las mujeres de la Universidad.
           Primero, me gustaría resaltar que dado a que vivimos en una sociedad condicionada por roles y estereotipos de género (en este caso cruzados por condición económica, política, cultural, laboral, etc.) es que diversas formas de discriminación y violencias contra las mujeres son invisibilizadas, justificadas y/o normalizadas. Por ello es importante señalarlas, evidenciarlas, denunciarlas; mostrar que éstas no dependen sólo del “agresor” o “violentador de los derechos humanos” sino, también, hay que desentrañar los múltiples factores y contextos que la propician.
Es que, mire usted, las violencias contra las mujeres son un fenómeno histórico, social y estructural que no son fáciles atacar y/o erradicar; a veces ni de comprender porque hay que revisar varios aspectos que las promueven y desencadenan. Por lo pronto, me interesa revisar la relación que tienen éstas con los derechos humanos y con el género. Entonces, sirva el show de strippers como ejemplo para dicho análisis.
Quisiera comenzar con esta pregunta: ¿el show de strippers implicó una o varias transgresiones a los derechos humanos de las universitarias? Para poder responder es importante, al menos, identificar a cuáles derechos humanos nos estaríamos refiriendo. Desde mi punto de vista, al que se puede apelar ante un espectáculo como este es: “a vivir una vida libre de violencia” (el cual involucra a la dignidad, integridad, libertad, igualdad, no discriminación, entre otros).
 Las violencias contra las mujeres, como resultado de la desigualdad entre los sexos, implican una forma de ejercicio de poder y un mecanismo de control que se tolera a diario, por ello son, en sí, una violación a los derechos humanos. Entonces, la pregunta sería ¿el show de strippers involucró violencias contra las mujeres? Sí. ¿De qué tipos y modalidades? La respuestas a este último cuestionamiento implicarían problematizar ¿a quiénes se agredió,  en qué espacio y de qué manera se agredió? Y, no es que sea irrelevante cuestionarse por el “quién”, pero, prefiero no abundar en ello porque hay instancias legales que pueden resolverlo.
Este evento contratado por el SPAUAZ involucró –para algunas de las allí presentes– una imposición que lastimó el derecho a la libertad. La omisión de la información o el hecho de que no se haya avisado que en el festejo habría un espectáculo de strippers transgredió nuestro derecho a decidir si anhelábamos presenciar un baile con hombres semidesnudos; si deseábamos ser tocadas, restregadas o rozadas por individuos desconocidos; o si queríamos observar cómo algunas de nuestras compañeras estaban siendo hurgadas por un completo extraño.
         Al respecto, alguien se atrevió a decir: “si no les gustó, tenían la libertad de salirse de la fiesta”. De entrada sí, tuvimos la libertad de retirarnos del lugar, pero ese no es el punto, por ello he preferido no entrar en esa discusión porque sé que esa débil argumentación lo que intenta es descalificar, antes que generar diálogo o conciencia sobre las violencias de género ocurridas a raíz de ello.
Aparentemente en ese momento la mayoría de las maestras reunidas en el evento del SPAUAZ decidió libremente participar de los bailarines y la música ofrecida (quiero pensar que fue así y que ningún condicionamiento social y de género estuvo presente para que se adhirieran a show). Sin embargo, una decidió externar su inconformidad –en corto– al Secretario General; unas cuantas se retiraron del lugar; otras prefirieron salir a la terraza mientras terminaba “la fiesta”, fingieron entretenerse en sus aparatos móviles o simularon que allí no estaba pasando nada (esto también por condicionamientos de género que pesan sobre las mujeres); y, creo que esa minoría de la que hablo, aunque aparentamos estar en otra cosa, en realidad estuvimos alertas para que nuestro espacio personal no se viera vulnerado ante “la amenaza” de que en cualquier momento los jóvenes semidesnudos se acercarían a nuestra mesa. Qué incomodidad, ¿no? Pues sí, la molestia que se generó en algunas de nosotras tiene que ver con el hecho de que se menoscabó nuestro derecho humano a vivir una vida libre de violencia. 
El artículo primero de la Constitución federal establece que todas las personas tenemos derecho a gozar de los derechos humanos reconocidos formalmente. Esto implica –sí o sí– que “todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias deben promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos”. El SPAUAZ, aunque se trate de una asociación de académicos y académicas; se rija por el principio de autonomía colectiva o gremial, está obligado a cumplir con la legislación internacional, nacional y local; no sólo la universitaria. El Comité Ejecutivo (cuyo representante es el Secretario General), no obstante sea un órgano de implementación de los acuerdos de la Asamblea General y de la Coordinadora de Delegados, tiene la obligación de actuar con base en los derechos humanos de sus agremiados y agremiadas. A lo único a lo que no están obligados(as) es a incorporar la perspectiva de género en sus acciones (eso es una de las cosas que aún no se ha podido lograr, pero para allá vamos). Pero, sí debe conducirse conforme al principio de libertad e igualdad de sus apremiadas.

¿Cuál igualdad? ¿la de regalarles a todas un show de strippers? Si eso fuera, entonces, ¿dónde quedan las decisiones que en colectivo deben de tomarse?
¿La de contratar dicho evento para demostrar que tanto las mujeres como los hombres pueden divertirse con cuerpos hipersexuados, semidesnudos? No. Eso no es igualdad y nunca lo será porque con ello se promueve e impone una visión hegemónica y heteronormada de la convivencia humana; y lo único que desata son diversas infracciones a los derechos humanos.
 Esta indebida contratación de strippers para un evento público con maestras trajo como consecuencia que se violentara a todas las universitarias. A las que asistieron y a las que no, a las que bailaron y a las que no, a las que consintieron y a las que no, a las que son madres y a las que no; es más, si me apuran, debo decirles que por el mensaje que envió la UAZ con este acto, se violentó a todas las mujeres dentro y fuera de la Institución. Sin embargo déjeme comentarle sólo cinco aspectos de este hecho tan lamentable:
1.- Se actualizaron, en principio, una serie de violaciones a los derechos de las mujeres allí presentes; de quienes no estuvieron de acuerdo, de quienes sí y de quienes sólo acompañaban a sus madres. Porque, también se transgredieron derechos humanos de los y las menores de edad que las acompañaban (por cierto, muchas mujeres, por condicionamientos de género, no tienen o no pueden encargar a sus hijos(as) para poder disfrutar de un tiempo libre).
2.- Se generó una cantidad de comentarios denigrantes en contra de las maestras que decidieron participar en la pista de baile; en esta sociedad es una constante culpar a la víctima de la violencia que recibe. En este caso, de inmediato comenzaron a circular videos –sin el consentimiento de ellas– en las redes sociales sobre el show. Por lo que también existió violencia de género en línea, que no tuvo y tiene otra intención más que “recordarnos” que las mujeres “debemos cuidar nuestra reputación”: “Pero, por qué te quejas de los malos comentarios, te lo mereces, tú tienes la culpa por pararte a bailar o permitir que bailaran en tu mesa”.
3.- Se dejó ver la violencia dirigida contra las universitarias que osamos levantar la voz para denunciar en redes, medios de comunicación e instancias correspondientes sobre la desafortunada decisión que tomó el SPAUAZ al imponer un show de strippers: “Bien, muy bien, no te preocupes, no es un acto indebido, ellas son unas viejas locas, amargadas, que no saben divertirse o tienen envidia de quiénes sí lo saben  hacer”, "además ellas por qué reclaman, si ni siquiera son madres ni fueron al evento". Como si el derecho a la protesta estuviera limitado por condición de maternidad o por exclusividad de participación.  
4.- Existió el señalamiento o la criminalización de la compañera –no enunciaré su nombre porque ello implica culpar nuevamente a una mujer– que decidió, sin avisar al Comité Ejecutivo y al Secretario General del SPAUAZ, contratar dicho servicio de bailarines: “la idea fue de una mujer, ella contrató, ella es la responsable”.
5.- Se actualizaron una serie cuestionamientos a las universitarias que alzamos la voz por este desafortunado hecho público –y que trajo como consecuencia lamentables opiniones acerca de la comunidad universitaria–, por no habernos solidarizado con otros actos de violencia de género institucional, perpetrados de manera individual al interior de la UAZ y que, por su naturaleza, tienen un procedimiento legal específico para su denuncia. Esto es, hemos sido señaladas por no actuar en contra de todas las violencias contra las universitarias. Como si estuviéramos obligadas a conocerlas y a pronunciarnos por ello y por todo. En ese sentido quiero pensar que nos falta promover más el significado del ejercicio de las ciudadanías.

Ante esta serie de lamentables consecuencias, y otras más, que atrajo un evento tan desafortunado como el que ocupa nuestra crítica, pareciera que las culpables somos las mujeres y no las circunstancias sociales que permiten, promueven o reproducen la violencia de género. A veces, preferimos dirigir nuestros cuestionamientos hacia nosotras: por estar, por no querer estar, por denunciar, por no denunciar bien y por todo, por contratar, por llevar a los hijos e hijas, por no saber cuidar nuestra reputación, etc., etc.


Por ello, no creo prudente buscar un responsable porque en ese camino nos perdemos; los prejuicios –de los cuales es muy complicado despojarse– nos pueden hacer una mala jugada. Prefiero, en todo caso, invitar a la reflexión y a generar conciencia sobre la violencia contra las mujeres, que practicamos diariamente sin darnos cuenta, y en los efectos que ello produce. Lo más grave de que en la UAZ se crea que se puede imponer en los cuerpos de las mujeres formas de divertirse, es que se actualizó una violencia más de las que ya de por sí iban en aumento en contra de maestras, trabajadoras y alumnas.