Imagen tomada del libro "A solas", de Idalia Candelas.
Hace algunos años me regalaron un libro. Olvidé quién lo hizo. Fue una acción deliberada. No olvido, en cambio, que trataba “sobre la fugacidad de nuestra existencia, encaminada siempre hacia el momento en que dejaremos de ser”. En algunas ocasiones sobreviviremos algún tiempo en la memoria de otros, pero también esa memoria desaparecerá. “Porque estamos condenados al polvo y al olvido”.
Por ello, como dice el libro “a todas esas personas con las que está tejida la trama más entrañable de mi memoria”, a todas mis amigas, hermanas, compañeras, quiero decirles que al igual que ustedes hay ocasiones, en las mañanas, en que deseo permanecer dormida cinco, diez, quince minutos, quizá algunas horas más. A veces, deseo no levantarme porque el cansancio del trabajo diario intenta ganar.
Al igual que muchas he vivido momentos dolorosos, momentos en que no encuentro a qué objetivo aferrarme para seguir. He vivido desilusiones, violencias y traiciones, a veces de quien menos lo esperaba. He vivido dolorosas pérdidas, pero también muestras de verdadera amistad y de amor.
Hay tardes en que bebo el six de cervezas que compré para toda la semana y está bien, no me juzgo ni permito que alguien más lo haga, procuro regalarme momentos para encontrar un respiro. Si lo deseas podemos hacerlo juntas y, mientras tanto, dialogar o hacer catarsis. Créeme, funciona muy bien cuando la copa de vino tinto, se bebe al interior de un carro en la cochera de tu casa. Es, incluso, divertido. Los vecinos siempre voltean a ver como para adivinar lo que se comenta en ese vehículo de la amistad.
Querida amiga, hermana y compañera, te entiendo y estoy aquí, siempre, para lo que requieras. Para mal asesorarte de algún un medicamento que te alivie el dolor. Manda un mensaje, una señal, para saber de ti. Yo haré lo mismo. Si lo necesitas te regalo la fuerza y la fe que me mantiene. Te regalo mi escucha y mi compañía. Pero por favor permanece, insiste, aférrate a las cosas buenas que sí suceden de vez en vez. Permíteme acompañar tu camino. Cuentas con mi empatía y con los silencios necesarios. A veces, también es importante estar a solas.
Querida amiga, compañera, hermana, siempre lucharé por empatar tus memorias con las mías, por rescatar del olvido -como dice el libro- lo que es prácticamente inevitable: “El Olvido que Seremos”.
Mientras ello sucede vive en compañía o a solas, pero vive. Si no te envío mensaje, si no te llamo, si no te visito porque la dinámica diaria me consume, no olvides que estoy allí -aunque en la distancia- presente para ti. Al menos que el olvido al que estamos condenados todos se postergue un instante más.

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