Observancia y análisis de las condiciones jurídico-sociales de las mujeres, discriminaciones y violencias por razón de género.
miércoles, 12 de febrero de 2020
La sororidad de Marcela Lagarde me conmueve
Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
o femin_ite_iste
“Si tú le preguntas a otra ¿qué te conmueve? Tocas lo que a ti te conmueve”, dijo Marcela Lagarde, mientras todas las presentes dejaron asomar las lágrimas ante tantas muestras de sororidad.
Hace un año, en el marco del 20 aniversario de Inmuza-Semujer, tuve la oportunidad de escuchar, leer y escribir sobre este mecanismo para el adelanto de las mujeres, sobre sus titulares y las osc que impulsaron su creación. Las historias de todas me conmovieron. Aprendí que las redes entre mujeres, de sororidad, se tejen con el hilo del reconocimiento.
Lamentablemente, cuando de instancias de las mujeres se habla, lo más recurrente que escuchas es: "allí vienen otra vez estas p. viejas", "ahora qué quieren", "allí van otra vez con su igualdad", "ches feminazis", "debería haber una secretaría para los hombres". Por otra parte, también se suele escuchar: “no sirven de nada”, “no hay perfiles”, “son cómplices del estado”, “no son sensibles con las compañeras”, “no quieren soltar sus privilegios”, “se quedan calladas por mantener sus sueldos”, “no son feministas". Un largo y sin fin de descalificaciones. Dicha práctica está más cercana a un sistema machista, misógino, dominante y patriarcal que a una filosofía feminista.
Por ello hoy, queridas compañeras y amigas, hoy más que nunca me asumo feminista, reconozco y respeto el movimiento en su gran diversidad.
En mi siempre encontrarán, en la medida de mis posibilidades, a una aliada para realizar acciones a favor de la igualdad y la erradicación de la violencia de género.
Quizá no logre estar a la altura de alguna expectativa o de algún feministrómetro malamente aplicado, pero intento (desde las enseñanzas de grandes maestras que he tenido) vivir la sororidad como “una práctica política feminista, como un pacto para dedicar nuestras historias” (académicas, sociales, culturales, políticas, partidistas o institucionales) a mejorar la vida de las mujeres.
En mi siempre encontrarán respeto absoluto a las diferentes formas y estilos de reivindicación feminista, porque al igual que todas quiero que la violencia hacia niñas, jóvenes y adultas se termine, quiero una vida en paz, por ello invitaré a la unión en la diversidad.
Vamos todas por un objetivo en común, hagámoslo como cada quien puede, porque como nos dice Marcela Lagarde: “lo constructivo del feminismo es que, en medio de conflictos y contracciones, siempre propone y busca alternativas”.
¿A ti qué te conmueve?
Inmuza-Semujer no nace, se hace.
El 15 de septiembre de 2016, durante el trayecto de varias horas a un municipio de nuestra entidad, surgió la idea de escribir sobre la experiencia de las titulares del Instituto para la Mujer Zacatecana y de la Secretaría de las Mujeres. El trabajo que han realizado todas no ha sido sencillo, en algunos momentos se tuvieron que enfrentar a lo que ellas mismas han definido como un sentimiento de ausencia de pertenencia tanto al quehacer gubernamental como a la reivindicación social: “no se sabe si eres de aquí o de allá, solo sabes que debes trabajar.”
Este año se materializa un sueño, el de darle voz a las Directoras Generales o Secretarias de las Mujeres del Estado de Zacatecas. Ellas escriben su historia, la que nació hace 20 años gracias a las demandas, reivindicaciones y acompañamiento de los movimientos feministas y de mujeres de nuestra entidad.
Inmuza es la inspiración de las zacatecanas, de quienes lo pensaron y lo hicieron posible, quienes trabajaron día y noche para contar con una Instancia que institucionalizara la obligación de todas las autoridades de reconocer, promover, proteger y garantizar los derechos humanos de las mujeres; con una Dependencia que dirigiera la política de igualdad entre mujeres y hombres en toda la entidad federativa.
La reconocida filósofa feminista, Celia Amorós, asegura que “conceptualizar es politizar, es hacer pasar de la anécdota a la categoría”; de reconocer que la desigualdad entre mujeres y hombres tiene una dimensión estructural. Por ello, la transversalización de la perspectiva de género va más allá de una metodología o de forma de trabajo, porque no es lo que han considerado como una trivialización de las reivindicaciones feministas; es, por lo contrario, convertirlas en un asunto de Estado; para ello se requieren puentes de comunicación que son los mecanismos para el adelanto de las mujeres.
Camino hacia la igualdad. Inspiración entonces y ahora tiene la intención de poner en perspectiva las luchas de las mujeres, de las zacatecanas, de documentar el proceso a través del cual se transitó del caso a una Ley, a un Instituto, a las políticas públicas, a acciones concretas; de la transición de la anécdota a la Instancia rectora de la política de igualdad.
Memorias de Semujer 1999-2019 fue escrito con base en las experiencias y vivencias de once mujeres que estuvieron al frente de Inmuza y Semujer; así como de actoras estratégicas que impulsaron desde la sociedad civil y otros organismos la creación, fortalecimiento y sobrevivencia de este mecanismo. Sus entrevistas fueron reforzadas con fuentes documentales y hemerográficas; sin embargo, fue la voz de ellas la que dio vida a este primer ejercicio de historia del mecanismo para el adelanto de las mujeres en Zacatecas.
Documentar estas Memorias no fue tarea sencilla, en muchas ocasiones hubo dificultades para encontrar fuentes directas del trabajo que realizaron las titulares de esta Instancia. Sabemos bien que, hasta para recuperar un hecho histórico, hay un sesgo de género marcado por un sistema patriarcal, machista y androcéntrico que no deja huella de la labor de las mujeres. Por ello, este ejercicio encuentra sus propias deficiencias, lo reconocemos, pero es una labor que hacemos con la conciencia de que es necesario hacer visible lo invisible hasta donde podamos.
Exponer a la luz los trabajos que realizaron las titulares de la Instancia para la Mujeres en Zacatecas es nuestro deber. Las redes entre mujeres, de sororidad, se tejen con el hilo del reconocimiento. Por esto, agradecemos a todas las mujeres que han dado su vida, su tiempo, sus sueños, sus convicciones y su trabajo para que hoy contemos en nuestra entidad con una Secretaría de la Mujeres.
Estas Memorias son suyas y pretenden hacer justicia a todas, porque gracias a su trabajo continuo hoy podemos celebrar 20 años de Inmuza-Semujer.
Inmuza-Semujer no nace, se hace.
Adriana Guadalupe Rivero Garza Secretaria de las Mujeres del Estado de Zacatecas
Zacatecas, Zacatecas, 8 de marzo de 2019
sábado, 24 de noviembre de 2018
Querida Pequeña
Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
o femin_ite_iste
Querida Pequeña:
No me conoces, pero yo a ti sí. Te conocí el sábado 21 de julio de 2018, cuando nos reportaron tu desaparición. Vi tantas veces tu fotografía para reconocer cualquier detalle tuyo.
Eran las once de la mañana cuando se envió notificación de activación tu búsqueda.
Querida Pequeña, no me conoces por eso quizá dudes si te digo lo que sentí al recibir la llamada. Me temblaron las piernas, sentí un vacío en el corazón y un miedo profundo. Sé muy bien que las primeras horas son primordiales; así que no se debe dudar ni un segundo para comenzar la búsqueda “donde sea y con quien sea”.
No me conoces Pequeña, pero quiero decirte que -aunque escuches una y otra vez que no te buscamos- sí lo hicimos, sí te buscamos de manera inmediata. No solo por obligación, sino porque de verdad nos importas, al igual que todas las niñas.
Querida Pequeña, quiero que sepas que muchas personas te buscamos incansablemente durante 60 horas, se revisaron archivos, registros, cámaras. Quiero que sepas que no estuvimos inactivos.
Hay quienes comentan que estuvimos de brazos cruzados y nos tardamos en tu búsqueda. No es así, hay quienes lo saben porque formaron parte de ello.
Querida Pequeña, no nos conoces pero quiero que sepas que nos duele la forma en que te fuiste de este mundo que usa a las mujeres como objetos desechables y que es capaz de cometer las más atroces violencias a personitas como tú.
Querida, sí te buscamos. Y me llena de rabia no haber podido hacer más por ti. Si hubiera podido hubiera salido ese mismo día a tu búsqueda, tal como algunas personas lo propusieron: ¡vamos, salgamos, vayamos al lugar y busquemos nosotras mismas!
Sí te buscamos, pero la maldad te alcanzó muy rápido, no nos dio tiempo de encontrarte con vida y te lloramos, al igual que gente cercana tuya. Te lloramos llenas de rabia, de dolor, de indignación, de impotencia.
Querida, no me apena decirlo, también te rezamos, lo hicimos con toda la fe, imploramos que estuvieras con bien. Aun lo seguimos haciendo.
Pequeña, no te llenes del odio que han tratado de contagiarte. Hay gente buena en este mundo; esa gente estuvo buscándote día y noche para localizarte; no compartiendo tu foto en redes sociales, no; realmente estuvieron buscándote en todos lados, metiéndonos hasta donde no debíamos.
Querida Pequeña, descansa en paz. Muchas personas que nos quedamos en esta tierra no estamos tranquilas. Quizá pudimos haber hecho más, quizá debimos salir a gritar tu nombre por las calles, por los alrededores; quizá debimos despertar al vecindario para unirnos todos en un solo nombre.
miércoles, 17 de agosto de 2016
Querido amigo Víctor, tu ausencia es irreparable
Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
o @femin_ite_iste
Desde hace días, por una cosa o por otra, he reflexionado mucho
sobre el valor de la amistad. Sobre ese sentimiento puro y desinteresado que se
construye al compartir con otra persona tu vida, tu diario caminar. Sobre esa
hermosa conexión que se logra con risas, música, lecturas, café, chelas, baile,
llantos, enojos, reclamos e, incluso, silencios pactados.
Quienes han tenido la suerte de ser tocad@s por la fuerza de
la amistad, sabrán que la pérdida de un
ser que ha acompañado tus días es irreparable. Duele el corazón, el alma o ¡no
sé qué! No puedo describirlo, pero alguna vez doña Almita Murillo escribió que
“es como si lo que somos saliera poco a poco por una válvula de escape
pequeñísima, una válvula que ese amigo o amiga que se nos separa deja abierta, en medio de las costillas y nos vamos desinflando del yo, del nosotros, de esos
tiempos, de esas coincidencias,” (…) “No hallamos por dónde curar la ausencia”.
¡Sí eso! y menos cuando nos arrancan al amig@ de un tajo.
La semana pasada, nueve de agosto, estaba por terminar un informe
de trabajo cuando recibí un terrible mensaje, de esos que nunca quieres
atender, que preferirías no haberlos leído nunca; en él se informaba que
nuestro amigo Víctor había perdido la vida. La respiración se detuvo por unos
instantes y el trabajo por completo. Asimilé la noticia –sólo la noticia–, la
corroboré por todas las vías posibles, con la esperanza de que no fuera
verdad. Era cierto, Víctor ya no estaría
entre nosotr@s; ni su incalculable alegría por la vida, ni su optimismo, ni sus
invitaciones a beber cerveza luego de una jornada de tres o cuatro horas de
“historia de algo”. A Víctor lo alcanzó la inseguridad que vivimos en nuestro
estado y nos dejó sin "el oxígeno que sólo los amigos proporcionan".
Luego de la lamentable noticia de su homicidio, comencé a leer las
expresiones de dolor de quienes lo conocieron; yo sólo quería seguir acostada,
envuelta en mi indignación y mi llanto, sin moverme, sin pensar, sin decir una
palabra y me cuestionaba en silencio: ¿por
qué dejé que las presiones cotidianas me impidieran estar presente en tu examen
de grado?, hubiera podido abrazarte y felicitarte una vez más.
En esa tarde hubo un impasse,
luego vinieron varios recuerdos sobre mis coincidencias con Víctor. El primero,
cuando recién ingresamos al Doctorado en Historia, hace casi 4 años. Ese día se
presentó, dijo que era Veterinario y que estaba en ese programa porque le
gustaba la historia. Yo pensé: ¿este
cuate qué hace aquí?; ¿es Veterinario y quiere estudiar un doctorado en
HISTORIAAAA? Luego supe los motivos, los cuales, por cierto, eran
prácticamente los mismos que los míos. Desde entonces, hice click con ese compa.
El segundo recuerdo que se presentó, el cual me hizo derramar
todas las lágrimas que puedan Uds. imaginar, fue una sesión de la clase Modelos
Conceptuales y Análisis Histórico I. ¡Unoooo!, o sea, ¡hay continuaciones de la
primera parte!; ¡terror!; ¡qué materia más complicada! Neta, tremendamente
difícil, como de otro planeta, aún me pregunto cómo le hacen l@s historiador@s
para analizar tanta cosa. En fin, estaba sentada junto a Víctor, el docente nos
repartió unas copias que había que leer, analizar y comentar en equipo. Mi
amigo y una servidora nos volteamos a ver y en automático afirmamos: sólo vamos a leer. Cuando concluimos el
primer paso de la dinámica, cruzamos nuevamente las miradas. No sabíamos qué
decir. Tomó la iniciativa y preguntó: ¿Le
entendiste? Con cara de what le
conteste: ¡Ni madres! ¿Qué vamos a explicar? –me dijo–. Supongo que nada, esto viene en código
historiador y tu eres veterinario y yo abogada; es la primera materia del
primer semestre, sospecho ya valimos –le dije–. No nos quedó de otra más
que soltar la carcajada.
Ese compa me cayó del cielo. Me sentía comprendida e identificada
entre tanto(a) erudito(a) historiador(a). Mis compañer@s entendían todo,
explicaban todo, leían en chinga, escribían igual; unos meses después me enteré
que también tuvieron ese sentimiento de incertidumbre y fingían, como yo, que
no pasaba nada, ja-ja. Pero, lo que sí es verdad es que se trata un grupo como
en el que nunca he estado, nunca había conocido, ¡la rata les funciona en
chinga a tod@s, no hay a cuál irle! Y, además, mis compañer@s y amig@s tienen un
alto compromiso social, de ese que no se encuentra en cualquier lado.
Varios episodios con Víctor me estuvieron acompañando toda esa
tarde y todos los días desde su partida. La forma como aligeraba las horas en
las diferentes clases del doctorado, el ánimo que nos transmitió luego de que
nos atizaran en los seminarios de tesis, su buen humor, la risa, los bolillos
con miel que amablemente llevaba al aula, el aroma a tulipanes; las salidas a
conocido lugar donde venden tacos y leones rojos en Zacatecas, las posadas en
su casa y hasta el rescate de un perro que vivía maltratado por sus dueños.
Horas interminables de plática y viajes al entonces DF, carcajadas por las
perdidas que nos dábamos en el metro y por el dolor de estómago luego de tanto taco
sudado de a $5. La visita a beber tepache en la Colonia Doctores, en el famoso
lugar “La Hija de los Apaches” y la bailada estilo salsamerenguebanda en “Mamá
Rumba”.
Segura estoy que si nos preguntan a quienes (gracias al Doctorado
en Historia) conocimos a Víctor Castro Rosales, diremos que fue un gran amigo, de esos
cuya ausencia duele, no se repara, sino que sólo se sobrevive.
Alguna vez escribí que espero que el dolor y la indignación que
deja su homicidio se conviertan en acciones para reclamar un eficaz acceso a la
justicia y que nunca, ¡nunca!, hechos tan lamentables como éste nos hagan caer
en las garras de la indiferencia.
Hoy es día del Veterinario, tu partida duele y otra vez me acuerdo
del texto de Almita: “Y al dolor, para que no nos arrastre por las calles, hay
que nombrarlo".
Te queremos amigo y siempre te llevaremos en nuestros más gratos
recuerdos.
sábado, 14 de mayo de 2016
El show de strippers que ofreció el SPAUAZ, los derechos humanos y las violencias contra las mujeres
Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
o @femin_ite_iste
A raíz del espectáculo de strippers, que el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas ofreció –yo digo impuso porque no hubo un acuerdo general previo para que esto sucediera– a las docentes, investigadoras o académicas de dicha Institución, se han vertido una serie de comentarios acerca del hecho y del comportamiento de las universitarias alrededor del mismo.
Me gustaría,
amable lector, lectora, compartirle algunos aspectos del por qué considero que
no debió contratarse un evento de este tipo (voy a quitar con motivo del
festejo del día de la madre, mi voz hubiera alzado así se tratara de cualquier
evento público) y, además, quisiera argumentar por qué una decisión
institucional –no individual–, poco apegada a fomentar acciones a favor del
respeto de los derechos de las mujeres trajo efectos negativos para las
agremiadas y subrayo: específicamente contra todas las mujeres de la Universidad.
Primero,
me gustaría resaltar que dado a que vivimos en una sociedad condicionada por
roles y estereotipos de género (en este caso cruzados por condición económica,
política, cultural, laboral, etc.) es que diversas formas de discriminación y
violencias contra las mujeres son invisibilizadas, justificadas y/o
normalizadas. Por ello es importante señalarlas, evidenciarlas, denunciarlas; mostrar
que éstas no dependen sólo del “agresor” o “violentador de los derechos
humanos” sino, también, hay que desentrañar los múltiples factores y contextos
que la propician.
Es que, mire
usted, las violencias contra las mujeres son un fenómeno histórico, social y
estructural que no son fáciles atacar y/o erradicar; a veces ni de comprender
porque hay que revisar varios aspectos que las promueven y desencadenan. Por lo
pronto, me interesa revisar la relación que tienen éstas con los derechos
humanos y con el género. Entonces, sirva el show
de strippers como ejemplo para dicho
análisis.
Quisiera comenzar con esta pregunta: ¿el show
de strippers implicó una o varias
transgresiones a los derechos humanos de las universitarias? Para poder
responder es importante, al menos, identificar a cuáles derechos humanos nos
estaríamos refiriendo. Desde mi punto de vista, al que se puede apelar ante un
espectáculo como este es: “a vivir una vida libre de violencia” (el cual
involucra a la dignidad, integridad, libertad, igualdad, no discriminación, entre
otros).
Las violencias contra las mujeres, como resultado
de la desigualdad entre los sexos, implican una forma
de ejercicio de poder y un mecanismo de control que se tolera a diario, por
ello son, en sí, una violación a los derechos humanos. Entonces, la pregunta sería ¿el show de strippers involucró violencias contra las mujeres? Sí. ¿De qué
tipos y modalidades? La respuestas a este último cuestionamiento implicarían
problematizar ¿a quiénes se agredió, en
qué espacio y de qué manera se agredió? Y, no es que sea irrelevante cuestionarse
por el “quién”, pero, prefiero no abundar en ello porque hay instancias legales
que pueden resolverlo.
Este evento
contratado por el SPAUAZ involucró –para algunas de las allí presentes– una
imposición que lastimó el derecho a la libertad. La omisión de la información o el hecho de que no se haya avisado
que en el festejo habría un espectáculo de strippers
transgredió nuestro derecho a decidir si anhelábamos presenciar un baile
con hombres semidesnudos; si deseábamos ser tocadas, restregadas o rozadas por
individuos desconocidos; o si queríamos observar cómo algunas de nuestras
compañeras estaban siendo hurgadas por un completo extraño.
Al respecto, alguien se atrevió a
decir: “si no les gustó, tenían la
libertad de salirse de la fiesta”. De entrada sí, tuvimos la libertad de
retirarnos del lugar, pero ese no es el punto, por ello he preferido no entrar
en esa discusión porque sé que esa débil argumentación lo que intenta es
descalificar, antes que generar diálogo o conciencia sobre las violencias de
género ocurridas a raíz de ello.
Aparentemente en ese momento la
mayoría de las maestras reunidas en el evento del SPAUAZ decidió libremente
participar de los bailarines y la música ofrecida (quiero pensar que fue así y
que ningún condicionamiento social y de género estuvo presente para que se
adhirieran a show). Sin embargo, una
decidió externar su inconformidad –en corto– al Secretario General; unas
cuantas se retiraron del lugar; otras prefirieron salir a la terraza mientras
terminaba “la fiesta”, fingieron entretenerse en sus aparatos móviles o
simularon que allí no estaba pasando nada (esto también por condicionamientos
de género que pesan sobre las mujeres); y, creo que esa minoría de la que
hablo, aunque aparentamos estar en otra cosa, en realidad estuvimos alertas
para que nuestro espacio personal no se viera vulnerado ante “la amenaza” de
que en cualquier momento los jóvenes semidesnudos se acercarían a nuestra mesa.
Qué incomodidad, ¿no? Pues sí, la molestia que se generó en algunas de nosotras
tiene que ver con el hecho de que se menoscabó nuestro derecho humano a vivir una
vida libre de violencia.
El artículo primero de la Constitución federal establece que todas las personas tenemos derecho a gozar de los derechos humanos reconocidos formalmente. Esto implica –sí o sí– que “todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias deben promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos”. El SPAUAZ, aunque se trate de una asociación de académicos y académicas; se rija por el principio de autonomía colectiva o gremial, está obligado a cumplir con la legislación internacional, nacional y local; no sólo la universitaria. El Comité Ejecutivo (cuyo representante es el Secretario General), no obstante sea un órgano de implementación de los acuerdos de la Asamblea General y de la Coordinadora de Delegados, tiene la obligación de actuar con base en los derechos humanos de sus agremiados y agremiadas. A lo único a lo que no están obligados(as) es a incorporar la perspectiva de género en sus acciones (eso es una de las cosas que aún no se ha podido lograr, pero para allá vamos). Pero, sí debe conducirse conforme al principio de libertad e igualdad de sus apremiadas.
¿Cuál igualdad? ¿la de regalarles a todas un show de strippers? Si eso fuera, entonces, ¿dónde quedan las decisiones que en colectivo deben de tomarse?
El artículo primero de la Constitución federal establece que todas las personas tenemos derecho a gozar de los derechos humanos reconocidos formalmente. Esto implica –sí o sí– que “todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias deben promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos”. El SPAUAZ, aunque se trate de una asociación de académicos y académicas; se rija por el principio de autonomía colectiva o gremial, está obligado a cumplir con la legislación internacional, nacional y local; no sólo la universitaria. El Comité Ejecutivo (cuyo representante es el Secretario General), no obstante sea un órgano de implementación de los acuerdos de la Asamblea General y de la Coordinadora de Delegados, tiene la obligación de actuar con base en los derechos humanos de sus agremiados y agremiadas. A lo único a lo que no están obligados(as) es a incorporar la perspectiva de género en sus acciones (eso es una de las cosas que aún no se ha podido lograr, pero para allá vamos). Pero, sí debe conducirse conforme al principio de libertad e igualdad de sus apremiadas.
¿Cuál igualdad? ¿la de regalarles a todas un show de strippers? Si eso fuera, entonces, ¿dónde quedan las decisiones que en colectivo deben de tomarse?
¿La de contratar dicho evento para demostrar que tanto las mujeres como
los hombres pueden divertirse con cuerpos hipersexuados, semidesnudos? No. Eso
no es igualdad y nunca lo será porque con ello se promueve e impone una visión hegemónica
y heteronormada de la convivencia humana; y lo único que desata son diversas
infracciones a los derechos humanos.
Esta indebida contratación de strippers para un evento público con maestras trajo como
consecuencia que se violentara a todas las universitarias. A las que asistieron y a las que no, a las que bailaron y a las que no, a las que consintieron y a las que no, a las que son madres y a las que no; es más, si me apuran, debo decirles que por el mensaje que envió la UAZ con este acto, se violentó a todas las mujeres dentro y fuera de la Institución. Sin embargo déjeme comentarle sólo cinco aspectos de este hecho tan lamentable:
1.- Se
actualizaron, en principio, una serie de violaciones a los derechos de las mujeres
allí presentes; de quienes no estuvieron de acuerdo, de quienes sí y de quienes
sólo acompañaban a sus madres. Porque, también se transgredieron derechos
humanos de los y las menores de edad que las acompañaban (por cierto, muchas mujeres,
por condicionamientos de género, no tienen o no pueden encargar a sus hijos(as)
para poder disfrutar de un tiempo libre).
2.- Se
generó una cantidad de comentarios denigrantes en contra de las maestras que
decidieron participar en la pista de baile; en esta sociedad es una constante
culpar a la víctima de la violencia que recibe. En este caso, de inmediato
comenzaron a circular videos –sin el consentimiento de ellas– en las redes
sociales sobre el show. Por lo que también existió violencia de
género en línea, que no tuvo y tiene otra intención más que “recordarnos” que
las mujeres “debemos cuidar nuestra reputación”: “Pero, por qué te quejas de los
malos comentarios, te lo mereces, tú tienes la culpa por pararte a bailar o
permitir que bailaran en tu mesa”.
3.- Se
dejó ver la violencia dirigida contra las universitarias que osamos levantar la
voz para denunciar en redes, medios de comunicación e instancias
correspondientes sobre la desafortunada decisión que tomó el SPAUAZ al imponer un show de strippers: “Bien, muy bien, no
te preocupes, no es un acto indebido, ellas son unas viejas locas, amargadas,
que no saben divertirse o tienen envidia de quiénes sí lo saben hacer”, "además ellas por qué reclaman, si ni siquiera son madres ni fueron al evento". Como si el derecho a la protesta estuviera limitado por condición de maternidad o por exclusividad de participación.
4.- Existió
el señalamiento o la criminalización de la compañera –no enunciaré su nombre
porque ello implica culpar nuevamente a una mujer– que decidió, sin avisar al
Comité Ejecutivo y al Secretario General del SPAUAZ, contratar dicho servicio
de bailarines: “la idea fue de una mujer, ella contrató, ella es la responsable”.
5.- Se
actualizaron una serie cuestionamientos a las universitarias que alzamos la voz
por este desafortunado hecho público –y que trajo como consecuencia lamentables
opiniones acerca de la comunidad universitaria–, por no habernos solidarizado
con otros actos de violencia de género institucional, perpetrados de manera
individual al interior de la UAZ y que, por su naturaleza, tienen un
procedimiento legal específico para su denuncia. Esto es, hemos sido señaladas
por no actuar en contra de todas las violencias contra las universitarias. Como
si estuviéramos obligadas a conocerlas y a pronunciarnos por ello y por todo.
En ese sentido quiero pensar que nos falta promover más el significado del
ejercicio de las ciudadanías.
Ante esta
serie de lamentables consecuencias, y otras más, que atrajo un evento tan
desafortunado como el que ocupa nuestra crítica, pareciera que las culpables
somos las mujeres y no las circunstancias sociales que permiten, promueven o
reproducen la violencia de género. A veces, preferimos dirigir nuestros
cuestionamientos hacia nosotras: por estar, por no querer estar, por denunciar,
por no denunciar bien y por todo, por contratar, por llevar a los hijos e
hijas, por no saber cuidar nuestra reputación, etc., etc.
Por ello, no creo prudente buscar un responsable
porque en ese camino nos perdemos; los prejuicios –de los cuales es muy
complicado despojarse– nos pueden hacer una mala jugada. Prefiero, en todo
caso, invitar a la reflexión y a generar conciencia sobre la violencia contra
las mujeres, que practicamos diariamente sin darnos cuenta, y en los efectos
que ello produce. Lo más grave de que en la UAZ se crea que se puede imponer en
los cuerpos de las mujeres formas de divertirse, es que se actualizó una
violencia más de las que ya de por sí iban en aumento en contra de maestras,
trabajadoras y alumnas.
lunes, 9 de mayo de 2016
Mi día de las alternativas de maternidades libres de culpa en el evento del SPAUAZ
Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
Hoy decidí ir al festejo que el Sindicato del Personal Académico de la
Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) realiza año con año con motivo del
“Día de la Madre”. Hace algún tiempo dejé de asistir, sin embargo, desde el
2015 regresé, aunque no muy convencida.
Consciente de lo que significa este día (pues como telón de fondo se promueve la idea de que la maternidad es destino-obligación y no un derecho que tenemos las mujeres) pero deseosa de volverme a reunir y convivir con compañeras de trabajo, escuela, Institución, de mi UAZ, me dije: “hoy me invitaron al festejo de las alternativas de maternidades libres de culpa”. Casi logro sobrevivir al evento, mis objetivos por poco se cumplían: vi reunidas, contentas, dichosas y sonrientes a mujeres, docentes e investigadoras, universitarias que desde sus vivencias ejercen diversas maternidades. Estaba feliz hasta que aparecieron unos tipos semi-encuerados bailando “Everybody, yeah… Rock your body, yeah… Everybody, yeah” y embarrando su masculino ser en el cuerpo de muchas docentes que a leguas se veía no la estaban pasando bien (no todas, algunas de ellas estaban prácticamente encantadas, lo cual respeto profundamente). En pocas palabras, estaban siendo acosadas y violentadas por esos extraños contratados por el SPAUAZ o quién sabe las diosas por quién. El mensaje que nos envió nuestro sindicato fue muy claro: “creemos que nuestras docentes se divierten con strippers, con cuerpos hipersexuados y penes simbólicamente expuestos” en lugar de “creemos que nuestras docentes merecen dignificar el ejercicio de sus diversas maternidades".
¡Chingado! ¡Pinche patriarcado! ¿No descansas
nunca?
Estimada lectora, usted no está saberlo ni yo para contarlo pero, este 2016 cumplo veintiún años trabajando para la Universidad Autónoma de Zacatecas. Los primeros años, a los únicos eventos que acudía - muy orgullosa por cierto - era a los festejos que con motivo del “Día del Maestro” organizaba el SPAUAZ. Muy chidos, much@s docent@s asistían; algun@s iban con sus compañer@s de trabajo y otr@s más con sus familias. Hoy recordábamos que en una ocasión, creo que a la última comida que asistí, llegamos más docentes de l@s que se esperaban. Por ello, much@s nos quedamos sin ingerir alimento. Otros, más listillos, como estaban parados a lado de la cocina, sólo esperaban a que salieran los meseros y tomaban el plato de barbacoa, con frijoles y arroz; de tal manera que la charola quedaba vacía antes de llegar a alguna mesa. Reímos mucho hoy al recordar tal episodio.
Luego, una vez que nació mi primera hija me sumé a los festejos del “Día de la Madre” que realizaban el SPAUAZ, el Ceciuaz y donde cursaron la primaria mis hijas. Las vi bailar, cantar, brincar, recitar y actuar; algunas veces lloré de la emoción: “¡mi hija de tres años bailando tangoooo con el niño del que estaba enamorada!” Pero, además, recibía gustosa las flores, los chocolates y la cantidad de “adornos para la casa” que nos obsequiaban muy amablemente a todas las mamás.
Desde hace trece o catorce años, entonces, comencé a asistir a esas "festividades". No es por nada, pero, más chidas que los del día del maestro: universitarias reunidas, compartiendo alimento, bebida, sonrisas, pláticas, deseos, anhelos (el deseo que jamás ha cesado es el de sacarse un premio en la rifa que año con año se ofrece), música, baile, compañía, confianzas, complicidades entre mujeres. Es tal el bienestar que se percibe en esos lugares (se percibía, este año ya no fue así) que la mayoría se levanta de la mesa sin el temor de que en cuanto lo hagas alguien volteará a verte las nalgas (o las piernas si traes vestido… o las dos cosas), o que si estás platicando frente a frente voltearán a verte el escote. No, nada de eso sucede. En cambio las docentes bailan y sacan sus mejores pasos. Así, libres. Las que son imparables son mis amadísimas maestras del Ceciuaz, ellas tienen una energía impresionante, desde que comienza la música hasta que se termina no paran de bailar; y, además, casi siempre se llevan un gran número de premios en la rifa. Llámenle como quieran pero para mi que ellas tienen un pacto con las niñas y niños con l@s que conviven diariamente. El punto es que más que un día de las madres en la UAZ parece un día de las mujeres libres (escribo esto con la conciencia de mis privilegios, porque sé que miles de mujeres son violentadas a diario, incluso “el día de las madres”).
En el 2007 conocí el feminismo y comprendí que el 10 de mayo, en México, es el símbolo máximo del mito de la madre. Es decir, es el día en que se reúne real, imaginaria y simbólicamente toda la exaltación de la función biológica de la mujer, en términos despectivos: se le hace fiesta a la terrible idea de que las mujeres somos “un horno para bollos, que parimos con dolor por pecado original y que además el ser madres es nuestro único y obligado destino”. Todo esto, para encubrir el hecho de que como seres humanas libres, autónomas, capaces, libres de decidir lo que queremos para nosotras, no se nos permite desarrollarnos, no se nos reconocen derechos y no se nos hace justica.
¿Esto qué significa, pues? Que el día de la madre es el pretexto perfecto para seguir instaurando un ideal de mujer sacrificada, abnegada, que renuncia a sus anhelos y ambiciones por amor a sus hijos e hijas y, por tanto, es anulada como individuo. Peor se las cuento, este día también es un invento comercializado que nos vende a la madre de almacenes, restaurantes, comercios, negocios varios, etc. Más o menos así las cosas.
Luego de que conocí el feminismo dejé de acudir a estos eventos. No a los de las escuelas de mis hijas, a esos siempre fui porque para ellas era importante verme presente. Lo que sí hice al respecto fue comenzar a hacerlas conscientes de lo que significa este día, de la lucha feminista por desmontar el mito de la maternidad y hacerles saber que las mujeres tenemos derecho a decidir si queremos ser madres o no. No sé si lo logré, pero tengo algunos años que tampoco voy a fiestas de esas en las escuelas, mis hijas ya no participan más de esos bailables, ya no quieren (confieso que no sé si es porque hice conciencia en ellas o porque ya crecieron y les vale un cacahuate vestirse de porristas y bailarle a las mamás).
Las primeras veces que fui a los festejos del “día de las madres”, luego de ser feminista, sufría y mucho. También lloré cuando mis hijas aparecían en escena pero, ahora, del pinche remordimiento de conciencia por seguir reproduciendo, con mi presencia y aplausos, los roles y estereotipos ligados al ejercicio de las diversas maternidades que muchas veces no son libres, son impuestas y obligan a las mujeres a vivir sólo para el otro.
Peor aún, las primeras veces no quería decirle a mis maestras feministas que iba a un evento de dicha naturaleza, ¡nooo!!, ¡qué terror!!, ¿cómo les iba a pedir permiso de ausentarme de clase para hacerle honor al 10 de mayo? si lo que estaba aprendiendo era que año con año hay una manifestación en contra de este día (nota aclaratoria: las protestas feministas son en contra del mito de la maternidad, no en contra de las mujeres que son madres).
Como quiera que sea, me sentía -como lo describe Kristina Schröder- vigilada por feministas que iban en helicóptero sobrevolando a otras feministas que decidían festejar el Día de las Madres. No era cierto, claro que no, todo me lo inventé, pero de todas formas sólo de imaginarlo ¡qué miedo!
Lo que sí es cierto es que hace poco fui criticada y señalada por una maestra, en su salón de clase y en mi semi-ausencia, por haber pedido permiso para salir temprano y alcanzar a llegar a estar con mi hija, en su escuela, un 10 de mayo. Su burla se dirigió principalmente a la contradicción que a ella le suponía que ¡una feminista prefiriera ausentarse del espacio del saber para ir a festejar el día de las madres! (JaJaJa, se oyeron risas mientras yo apenas cerraba la puerta del aula. Otra de mis compañeras de esa misma clase para evitar el señalamiento prefirió faltar, decir que estuvo enferma).
Luego de muchos conflictos internos regresé a los eventos del SPAUAZ. Hace un año. Quise volver a encontrarme con mis inigualables maestras del CECIUAZ baile y baile, brinque y brinque, grite y grite. A esperar el discurso de alguna docente que se apropia del micrófono para regalar a la Casa Hogar los diez mil pesos que se ganó en la rifa y para hablar de… del capitalismo... Y, luego, que a lo lejos otra docente le gritara "¡regálamelos a mi, yo tengo cinco hijos!" O de las rechiflas al Rector y halagos al Secretario del SPAUAZ por los obsequios. A sentir la emoción de los encuentros y los desencuentros. A ver a mis compañeras docentes, investigadoras, abogadas, filósofas, arqueólogas, psicólogas, pedagogas, enfermeras, ingenieras, historiadoras, odontólogas, matemáticas, químicas, físicas, ¡feministas! (vi como a diez, lo siento, no puedo evitar. subrayarlo), universitarias todas, que ejercen su maternidad “quién sabe cómo”, porque de todo se habla, de ciencia, política, trabajo, cine, música; casi de todo y muy poco de cómo eres madre. Es más, creo que sería un buen ejercicio que allí pudiéramos compartir nuestras diversas experiencias en el ejercicio de la maternidad, sería un acto sumamente político.
Así que, el asunto iba bien hasta que aparecieron los strippers esos a arruinar el festejo que yo me había creado y darme cuenta que la violencia, la falta de garantía de los derechos humanos, la ausencia de promoción institucional por un profundo cambio cultural que valore y respete a las mujeres están ahí, diariamente, en todos los espacios, en tu lugar de trabajo y/o convivencia; y muchas veces el sólo hecho de estar presentes (observando cómo le restriegan el pene a una docente que NO pidió que lo hicieran, que varias veces se quitó, se movió y se intentó alejar, pero que aún así la forzaron a “unirse a la fiesta”) es una manera de ser cómplices y perpetuar las violencias que se practican, con la venia institucional, en contra de una o muchas de nosotras.
Ni modo. A esperar que mañana salga en los principales medios de comunicación la nota: “Agasajan con strippers a docentes de la UAZ en SU DÍA.” Luego, a interponer quejas.
P.D. Creo que el SPAUAZ nos debe una disculpa, los efectos del espectáculo que montó ya se hicieron presentes. Las maestras que acudieron al centro de la pista a bailar con los strippers ahora son señaladas, juzgadas, violentadas y estigmatizadas por los videos y comentarios denigrantes que circulan en redes sociales. Terrible mensaje el que envió nuestro sindicato. Terrible que nos hizo el pretexto perfecto para que la doble moral de algun@s se hiciera presente. Terrible.
sábado, 7 de mayo de 2016
#MiPrimerAcoso
#24Abr #2016 #MiPrimerAcoso nos invita a expresar, en redes, el acoso al que todas las mujeres hemos estado expuestas a lo largo de nuestras vidas. Nos convoca a no quedarnos calladas, a no avergonzarnos.
Ayer lo hice en Twitter, hoy, con las características que ha tomado el Face, lo comparto:
- #MiPrimerAcoso a los 7 años, mientras jugaba con mis amigas en la calle, un hombre, pareja de una vecina, trató de meterme a la fuerza a su casa. Pude salir corriendo.
-#MiPrimerAcoso Cuando era niña, mis hermanas y amigas salíamos a jugar al parque. Un hombre que vivía en departamentos cercanos se mostraba desnudo cuando nos veía pasar.
-#MiPrimerAcoso En secundaria, un tipo pasó en bicicleta y me dio una nalgada.
-#MiPrimerAcoso En preparatoria, en autobús, mientras viajaba de noche al DF, un tipo aprovechó que dormía para tocarme. El chofer y las personas no hicieron nada al respecto.
-#MiPrimerAcoso En Licenciatura, mi maestro de Derecho Constitucional decidió que yo sería "su bebé". Todo el semestre fui sujeta de sus agresiones sexuales verbales.
-#MiPrimerAcoso En Licenciatura, el maestro de Derecho Fiscal me pidió que me sentara en sus piernas.
-#MiPrimerAcoso En Licenciatura, un amigo, pensó que "yo había bebido de más" y decidió bajarse el cierre de su pantalón y poner mi mano en su pene.
-#MiPrimerAcoso En el trabajo, mi jefe decidió que apoyaría en la promoción laboral sólo a los hombres, porque ellos eran el sustento de sus familias. A las mujeres no, a nosotras debían mantenernos nuestros maridos.
-#MiPrimerAcoso Algunos "amigos" al saber que soy una mujer "divorciada" pensaron que podían besarme o tocarme por creer que "estoy disponible".
-#MiPrimerAcoso Hace unos meses, al defender a una compañera del acoso al que estaba siendo sujeta, "un amigo" me dijo que si tenía envidia por ser una "mal cogida".
-#MiPrimerAcoso, hoy, 24 de abril, al escuchar, en el desayuno, los acosos contra mis hijas y sobrina por parte de maestros, familiares, amigos y desconocidos.
#Vivasnosqueremos
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