@femin_ite_iste
Hace algún tiempo (en un Encuentro de Mujeres, Trabajo
y Salud en la Universidad Autónoma de Zacatecas) conocí a una mujer quechua que platicó su
experiencia sobre la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de
su participación política en las comunidades rurales en el Perú.
La recuerdo con
una sonrisa agradable y sencilla. Con su falda y rebozo de colores, su sombrero
negro y sandalias color café. Su atuendo impresionaba no sólo porque
representaba a la mujer de las comunidades andinas sino porque ella lo portaba
con mucha dignidad.
Esa mujer expuso en el Encuentro que las mujeres quechuas sufren doble discriminación: por
pertenecer a un grupo étnico y por ser
mujeres. Habló de los obstáculos que ella tuvo que superar para que se le reconociera
su participación y liderazgo en el territorio político, económico y social de
su comunidad. Ella lo denominaba: desarrollo con libertad.
Ella, una mujer decidida, estaba frente a una computadora pidiendo con su mirada que
alguien la asistiera; sólo necesitaba plasmar en un papel toda una experiencia
de vida. Yo estaba perdiendo el tiempo en ese centro de cómputo, mientras
comenzaban las ponencias. Al ver a esa mujer (de la cual aún no sabía su
nombre) no dudé en acercarme. Al preguntarle
si requería ayuda no dudó en decir que sí. Sin miedo me dijo que necesitaba
escribir su ponencia pero no sabía utilizar el equipo de cómputo. Me ofrecí a
escribir lo que ella me dictara. Escribimos.
Nélida (supe que así se llamaba cuando me pidió que denomináramos su documento con el nombre que su madre le había puesto al nacer) se veía orgullosa cuando le leí la
versión final, cuando pudo tener por fin una hoja impresa que describía
el proceso que vivió para poder ser regidora de su comunidad.
Yo quería decirle a Nélida lo conmovida que quedé al
escucharla; lo impresionada que me sentí cuando ella me dictaba palabra por
palabra lo que debía contener su documento: Yo
he tenido que sufrir, pero de verdad sufrir, para poder ser regidora. He
ayudado a muchas mujeres para que sus maridos no las peguen, no las maten a
palos. He llevado de la mano a otras tantas a luchar por sus derechos.
Cuando a mi me han dicho: Nélida, tú tienes que ser
regidora yo he brincado de gusto. Fue una gran experiencia, sí, sin embargo
para llegar a eso tuve que luchar porque nadie quería que yo fuera regidora.
No quisieron registrarme porque me decían que las mujeres no podían participar,
pero en Mi Constitución no está prohibido -les decía-. Participé y se burlaron
de mí. Gané y nunca me llamaron, nunca me dijeron que yo había ganado; tuve que
ir yo a decírselos a los más poderosos: “¡Nélida ganó señores y esa soy yo y
quiero mi lugar!”
Cuando fue la toma de posesión mi madre se estaba
muriendo. Si yo no iba a tomar protesta perdería mi cargo -me dijeron-. Así que tuve que dejar
que mi madre muriera sola, sin mi. Sí tomé protesta. Sí juré ser regidora frente a los hombres de mi comunidad, mientras, mi madre moría.
Nélida me miró con los ojos llenos de lágrimas y me
dijo: Eso tuve que pasar para llegar a
ser regidora. Luego me sonrió y dijo: y
eso lo volvería a hacer por los derechos de las mujeres de mi comunidad.
Cada sentimiento
quedó plasmado en “Nélida una experiencia de vida”, además me cantó una
canción quechua (ahora ya no recuerdo la letra pero sí la emoción), misma que horas más tarde presentó
frente al público.Más que una experiencia de vida Nélida es una
experiencia de mujer.
Una mujer que, como muchas, ha tenido que enfrentar la
discriminación y la violencia. Ha enfrentado a su comunidad, a su cultura, para
gritarle al mundo que ella tiene derecho a participar políticamente. Nunca me
ofrecieron ni un vaso de agua -me decía-. Y yo me quedaba sentadita esperando mi turno. Yo sabía que sería regidora y que ayudaría a mis hermanas de la lucha.
Cuando terminamos el documento, Nélida (que en quechú
significa iluminada por dios) me dijo: no tengo
dinero, pero le puedo cantar una canción. No sabía cómo decirle que la agradecida era yo por haberla conocido, por haber estado en el
lugar y el momento preciso para ser yo la honrada en escribirle su
experiencia y mi lección de vida.

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