¿No es ese desdén hacia la vida de las mujeres
una forma de misoginia en sí mismo?
(Nuria Varela: 2017)
Luego de un proceso intenso, desgastante, que nos llevó varios días y noches, en la sistematización de datos estadísticos sobre violencia contra las mujeres en Zacatecas, logramos compilar, analizar y verificar información de más de siete instituciones, para tener listo el segundo informe sobre las atenciones a la violencia familiar durante la contingencia por COVID-19.
Además de hacer público el informe de manera oficial, es decir, como parte de gobierno del estado, difundí los datos en mis redes sociales: “aumentan las atenciones sobre violencia familiar en un 90.25%”.
A los pocos días de haberlo hecho, recibí un mensaje que, desde mi punto de vista, fue ofensivo por venir de quien venía: esas cifras son falsas –me decían–. Ayer se habló del tema. Ojalá te informaras más antes de difundir falsedades.
Esa persona, o cuenta o bot, se refería a una reunión que sostuvieron en secretaría de gobernación, el secretariado ejecutivo del sistema nacional de seguridad pública, la comisión nacional para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, el instituto nacional de las mujeres, el instituto de desarrollo social, entre otras autoridades federales. Lo sé porque ese mismo día nos dijeron que la Ministra en Retiro nos enviaba un saludo y reconocía nuestro trabajo en las entidades federativas.
Al mensaje en redes respondí que esos datos no eran falsos, que se referían a las estadísticas de atención de distintas instituciones públicas en Zacatecas. Aun así, reiteraron: son falsas, 911, Segob, Inmujeres, Conavim e Indesol tienen otros números (…) la violencia reside en quienes intentan violentar el ambiente a base de mentiras.
Cansada de tanto trabajo y de que constantemente se cuestione nuestro actuar, avisé a los chats que tenemos con Inmujeres e Indesol; recibí mensajes solidarios de mis homólogas, no así de las titulares de dichas instancias. Además, interpuse denuncia ante la policía cibernética.
Gran sorpresa me llevé cuando supe que la cuenta de la cual me escribieron pertenece a una red de redes sociales que trabaja para algunas instituciones federales; y allí tenía la reacción por atreverme a decir que sí hay incremento, que las atenciones no son falsas y que detrás de los números hay mujeres y niñas en condiciones de violencia muy graves.
Gran decepción me llevé al saber que son las propias instituciones federales las que vigilan a sus homólogas en las entidades federativas, realizando llamadas telefónicas para verificar que efectivamente estemos trabajando y brindando los servicios, como si no existiera un sistema federal en México. Por ello, lo grave del mensaje no era el intercambio de aseveraciones o descalificaciones de persona a persona (como muchas lo pensaron); sino de que proviniera de instituciones federales que usan sus aparatos y/o dispositivos gubernamentales contra el trabajo de los gobiernos locales. Vigilar y controlar.
Cansada y decepcionada de la violencia recibida de quienes se esperaba una reacción sororal; de que sea en el propio mecanismo para el adelanto de las mujeres en donde mayor violencia y menos solidaridad se vive; desgastada de tantas violencias internas, externas y hasta auto violencias, decidí poner pausa y ausentarme a través de la lectura de Nuria Varela “Cansadas. Una reacción feminista frente a la nueve misoginia”.
Conforme avanzaba en la lectura, algunas frases me recordaron varios episodios que provocaron y provocan sentimientos de angustia, miedo y tristeza al estar al frente de la Secretaría de las Mujeres; y que quiero compartirles a manera de mostrar mi experiencia dolorosa en una institución que trabaja por el respeto de los derechos humanos de las mujeres, pero que en muchas ocasiones no puede garantizar ni los propios:
Primera frase: ¿De qué estamos cansadas? Del menosprecio.
Recién llegada a la Secretaría de las Mujeres me invitaron a participar en un evento del grupo estatal de prevención del embarazo en adolescentes, de la cual soy secretaria técnica. Me presenté temprano, aun no estaban los titulares, la mayoría hombres, así que decidí visitar los stand de servicios que cada institución ofrecía en ese lugar. Cuando acordé ya habían comenzado el evento, iniciaron sin mi, esperaron a que llegaran los masculinos e iniciaron, jamás me avisaron; me dejaron fuera a pesar de estar desde temprano. Luego me ofrecieron una disculpa, me comentaron que ya no me podían integrar al presídium porque ya estaba completo, que sería para la próxima. Me retiré del lugar con el primer nudo en la garganta.
Segunda frase: ¿De qué estamos cansadas? De la falta de respeto.
En algunas reuniones mi lugar siempre estuvo con las y los directores generales de los Institutos, no así de las Secretarías de Estado. En alguna ocasión preguntaron si había alguna intervención y fui la tercera en levantar la mano. Como hubo varias solicitudes para hacer uso de la voz decidieron que las intervenciones serían de derecha a izquierda. Así que esperé mi turno. Cuando por fin podría colocar el tema que me ocupaba, me brincaron, cedieron la participación a otro Secretario. Para hacerme notar, tuve que levantarme para fingir que iba al baño y miré con ojos de “sí existo” a quien fungía como moderador. Salí muy molesta por esa falta de respeto, cuando regresé, me entregaron el micrófono para poder participar. Segundo nudo en la garganta. A partir de entonces mi lugar está con las y los secretarios de estado.
Tercera frase: ¿Quiénes son hoy los guardianes del patriarcado que están ejerciendo esa presión?
En una ocasión se me ocurrió -como mi tuit sobre el aumento de la violencia familiar- declarar en medios de comunicación que, luego de los talleres en algunas secundarias de la entidad, encontramos que se realizaban prácticas que ponían en riesgo la integridad sexual de las jóvenes (en realidad usé otro término que escandalizó no solamente a la sociedad zacatecana, sino a México y hasta Argentina). Durante cuatro meses recibí todo tipo de descalificaciones, agresiones y violencias desde las instituciones, los medios de comunicación y de algunas organizaciones de la sociedad civil, ¿cómo se me ocurría ser tan irresponsable y exabrupta con mis declaraciones? Casi me ganaba una recomendación de la CNDH, hasta que aclaré cómo se había manipulado la información. Ese pasaje tan horroroso, que hacía que despertara a media noche por la falta de respiración provocada por la ansiedad, y que se haya vuelto una obsesión revisar a las 5:00am qué habían escrito sobre mi en los diarios locales, me enseñó que el patriarcado tiene guardianes y guardianas que no permitirían que sus cimientos se tambalearan; aprendí que en este ambiente las verdades deben declararse a medias si no quieres ser agredida día y noche. Tercer nudo en la garganta y primera sensación de angustia.
Cuarta frase: ¿Y de qué más estamos cansadas? De la soberbia.
Un día, como encargada de elaborar el informe de cumplimiento de la Alerta de Género en Zacatecas, solicité a algunos titulares, varones, sus acciones relativas a prevenir, atender o sancionar la violencia contra las mujeres. Me limitaré a transcribir sus soberbias respuestas: “¿Ud. quiere tener problemas conmigo? Adelante, no sabe con quien se mete, no sabe quien soy yo”; “Yo elaboro los reglamentos que quiera porque soy quien ordena en esta institución”; “Doña Adriana, Ud. no sabe de lo que estamos hablando, debe informarse, además la situación no me da para atender a mujeres y a hombres, esto debe ser parejo”. Cuarto nudo en la garganta y pavor por mi seguridad y la de mi familia.
Quinta frase: Las semillas del odio. ¡Sáquenme de aquí!
La mayoría de los mecanismos para el adelanto de las mujeres en México no cuentan con recursos presupuestales, materiales y personal suficientes para realizar las múltiples funciones atribuidas; los trabajos realizados son a marchas forzadas y con una inversión de tiempo que permita dar los resultados que constantemente nos exigen: nos levantamos temprano, nos dormimos tarde, desayunamos y comemos al mismo tiempo, y casi nunca hay recurso para comprar al menos unos tacos o unos burritos. Las titulares vivimos una tensión que pudiera definirse como “no somos de aquí ni de allá”, somos per se las hijas olvidadas de las instituciones y las enemigas de las organizaciones civiles. El principal ataque que recibimos proviene del personal de los institutos o secretarías, nos ganamos hasta demandas laborales que -segura estoy- en otras dependencias ni se lo plantearían, pero como trabajan en una que es dirigida por una mujer entonces hay que molestarla a costa de lo que sea generando la falsa idea de gran acosadora laboral. Al respecto no hay nada que hacer, solo recordarte todos los días que tú no tienes margen de error ya que esperan a que lo cometas para ser señalado, magnificado y publicado. Quinto nudo en la garganta y ganas de salir corriendo.
Sexta frase: Cuándo las mujeres sufren los índices de violencia, es la instancia de las mujeres la moribunda.
Llevo casi 4 años siendo de la responsable, sin serlo, de las violencias que viven las zacatecanas. De los asesinatos, de los feminicidios, de la violencia familiar, de la ineficiencia de las instituciones, de los malos servidores públicos, de la burocracia. De la filtración de audios y videos. De los señalamientos a los movimientos de mujeres y feministas. De los reclamos y los silencios. De los pronunciamientos emitidos y no emitidos. Hasta responsable del magro presupuesto asignado año con año y de la falta de apoyo a la política de igualdad. Aquí ya no hay nudo en la garganta, hay un deseo incontrolable de gritar, de expresarles que estoy harta de su evidente misoginia.
Séptima frase: El silencio, mandato patriarcal por excelencia.
Mi silencio ante la estructura misógina y patriarcal incrustada en el tuétano de las instituciones y de quienes las conducen, administran y operan, no es por complicidad, es por cansancio, cansancio absoluto; porque aprendes que hasta debes defenderte sola, que no hay quien acompañe esos procesos porque solo hay espectadoras. Es por decepción. Por vivir en carne propia la cultura del menosprecio, esa que te invita al silencio porque no hay nadie que le haga frente a la misógina impune.
Hay muchas frases en ese libro, la octava, la novena, la décima, que me recordaron que estoy cansada, quizá igual que muchas; harta del desdén hacia la vida de las mujeres, no sólo a la de las calles, a las de las comunidades, a las de las casas, sino también a la de las instituciones; cansada de solicitar, gestionar, exigir, llamar y explicar; cansada de que a cambio de tantas argumentaciones se obtenga un silencio o dos palomitas azules que indican que te dejaron en visto. Agotada de esa sutil misoginia que queda sin el castigo de quien realmente lo merece, que el castigo o señalamiento se traslade a la titular que no grita, no defiende, no reclama, no habla y no enfrenta al misógino que, además, todo mundo sabe que es impune.
