miércoles, 17 de agosto de 2016

Querido amigo Víctor, tu ausencia es irreparable

Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
o @femin_ite_iste

Desde hace días, por una cosa o por otra, he reflexionado mucho sobre el valor de la amistad. Sobre ese sentimiento puro y desinteresado que se construye al compartir con otra persona tu vida, tu diario caminar. Sobre esa hermosa conexión que se logra con risas, música, lecturas, café, chelas, baile, llantos, enojos, reclamos e, incluso, silencios pactados.

Quienes han tenido la suerte de ser tocad@s por la fuerza de la amistad, sabrán que la pérdida de un ser que ha acompañado tus días es irreparable. Duele el corazón, el alma o ¡no sé qué! No puedo describirlo, pero alguna vez doña Almita Murillo escribió que “es como si lo que somos saliera poco a poco por una válvula de escape pequeñísima, una válvula que ese amigo o amiga que se nos separa deja abierta, en medio de las costillas y nos vamos desinflando del yo, del nosotros, de esos tiempos, de esas coincidencias,” (…) “No hallamos por dónde curar la ausencia”. ¡Sí eso! y menos cuando nos arrancan al amig@ de un tajo.

La semana pasada, nueve de agosto, estaba por terminar un informe de trabajo cuando recibí un terrible mensaje, de esos que nunca quieres atender, que preferirías no haberlos leído nunca; en él se informaba que nuestro amigo Víctor había perdido la vida. La respiración se detuvo por unos instantes y el trabajo por completo. Asimilé la noticia –sólo la noticia–, la corroboré por todas las vías posibles, con la esperanza de que no fuera verdad.  Era cierto, Víctor ya no estaría entre nosotr@s; ni su incalculable alegría por la vida, ni su optimismo, ni sus invitaciones a beber cerveza luego de una jornada de tres o cuatro horas de “historia de algo”. A Víctor lo alcanzó la inseguridad que vivimos en nuestro estado y nos dejó sin "el oxígeno que sólo los amigos proporcionan".

Luego de la lamentable noticia de su homicidio, comencé a leer las expresiones de dolor de quienes lo conocieron; yo sólo quería seguir acostada, envuelta en mi indignación y mi llanto, sin moverme, sin pensar, sin decir una palabra y me cuestionaba en silencio: ¿por qué dejé que las presiones cotidianas me impidieran estar presente en tu examen de grado?, hubiera podido abrazarte y felicitarte una vez más.

En esa tarde hubo un impasse, luego vinieron varios recuerdos sobre mis coincidencias con Víctor. El primero, cuando recién ingresamos al Doctorado en Historia, hace casi 4 años. Ese día se presentó, dijo que era Veterinario y que estaba en ese programa porque le gustaba la historia. Yo pensé: ¿este cuate qué hace aquí?; ¿es Veterinario y quiere estudiar un doctorado en HISTORIAAAA? Luego supe los motivos, los cuales, por cierto, eran prácticamente los mismos que los míos. Desde entonces, hice click con ese compa.

El segundo recuerdo que se presentó, el cual me hizo derramar todas las lágrimas que puedan Uds. imaginar, fue una sesión de la clase Modelos Conceptuales y Análisis Histórico I. ¡Unoooo!, o sea, ¡hay continuaciones de la primera parte!; ¡terror!; ¡qué materia más complicada! Neta, tremendamente difícil, como de otro planeta, aún me pregunto cómo le hacen l@s historiador@s para analizar tanta cosa. En fin, estaba sentada junto a Víctor, el docente nos repartió unas copias que había que leer, analizar y comentar en equipo. Mi amigo y una servidora nos volteamos a ver y en automático afirmamos: sólo vamos a leer. Cuando concluimos el primer paso de la dinámica, cruzamos nuevamente las miradas. No sabíamos qué decir. Tomó la iniciativa y preguntó: ¿Le entendiste? Con cara de what le conteste: ¡Ni madres! ¿Qué vamos a explicar? –me dijo–. Supongo que nada, esto viene en código historiador y tu eres veterinario y yo abogada; es la primera materia del primer semestre, sospecho ya valimos –le dije–. No nos quedó de otra más que soltar la carcajada.

Ese compa me cayó del cielo. Me sentía comprendida e identificada entre tanto(a) erudito(a) historiador(a). Mis compañer@s entendían todo, explicaban todo, leían en chinga, escribían igual; unos meses después me enteré que también tuvieron ese sentimiento de incertidumbre y fingían, como yo, que no pasaba nada, ja-ja. Pero, lo que sí es verdad es que se trata un grupo como en el que nunca he estado, nunca había conocido, ¡la rata les funciona en chinga a tod@s, no hay a cuál irle! Y, además, mis compañer@s y amig@s tienen un alto compromiso social, de ese que no se encuentra en cualquier lado.

Varios episodios con Víctor me estuvieron acompañando toda esa tarde y todos los días desde su partida. La forma como aligeraba las horas en las diferentes clases del doctorado, el ánimo que nos transmitió luego de que nos atizaran en los seminarios de tesis, su buen humor, la risa, los bolillos con miel que amablemente llevaba al aula, el aroma a tulipanes; las salidas a conocido lugar donde venden tacos y leones rojos en Zacatecas, las posadas en su casa y hasta el rescate de un perro que vivía maltratado por sus dueños. Horas interminables de plática y viajes al entonces DF, carcajadas por las perdidas que nos dábamos en el metro y por el dolor de estómago luego de tanto taco sudado de a $5. La visita a beber tepache en la Colonia Doctores, en el famoso lugar “La Hija de los Apaches” y la bailada estilo salsamerenguebanda en “Mamá Rumba”.

Segura estoy que si nos preguntan a quienes (gracias al Doctorado en Historia) conocimos a Víctor Castro Rosales, diremos que fue un gran amigo, de esos cuya ausencia duele, no se repara, sino que sólo se sobrevive.

Alguna vez escribí que espero que el dolor y la indignación que deja su homicidio se conviertan en acciones para reclamar un eficaz acceso a la justicia y que nunca, ¡nunca!, hechos tan lamentables como éste nos hagan caer en las garras de la indiferencia.

Hoy es día del Veterinario, tu partida duele y otra vez me acuerdo del texto de Almita: “Y al dolor, para que no nos arrastre por las calles, hay que nombrarlo".

Te queremos amigo y siempre te llevaremos en nuestros más gratos recuerdos.



sábado, 14 de mayo de 2016

El show de strippers que ofreció el SPAUAZ, los derechos humanos y las violencias contra las mujeres


Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
o @femin_ite_iste

A raíz del espectáculo de strippers, que el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas ofreció –yo digo impuso porque no hubo un acuerdo general previo para que esto sucediera– a las docentes, investigadoras o académicas de dicha Institución, se han vertido una serie de comentarios acerca del hecho y del comportamiento de las universitarias alrededor del mismo.
Me gustaría, amable lector, lectora, compartirle algunos aspectos del por qué considero que no debió contratarse un evento de este tipo (voy a quitar con motivo del festejo del día de la madre, mi voz hubiera alzado así se tratara de cualquier evento público) y, además, quisiera argumentar por qué una decisión institucional –no individual–, poco apegada a fomentar acciones a favor del respeto de los derechos de las mujeres trajo efectos negativos para las agremiadas y subrayo: específicamente contra todas las mujeres de la Universidad.
           Primero, me gustaría resaltar que dado a que vivimos en una sociedad condicionada por roles y estereotipos de género (en este caso cruzados por condición económica, política, cultural, laboral, etc.) es que diversas formas de discriminación y violencias contra las mujeres son invisibilizadas, justificadas y/o normalizadas. Por ello es importante señalarlas, evidenciarlas, denunciarlas; mostrar que éstas no dependen sólo del “agresor” o “violentador de los derechos humanos” sino, también, hay que desentrañar los múltiples factores y contextos que la propician.
Es que, mire usted, las violencias contra las mujeres son un fenómeno histórico, social y estructural que no son fáciles atacar y/o erradicar; a veces ni de comprender porque hay que revisar varios aspectos que las promueven y desencadenan. Por lo pronto, me interesa revisar la relación que tienen éstas con los derechos humanos y con el género. Entonces, sirva el show de strippers como ejemplo para dicho análisis.
Quisiera comenzar con esta pregunta: ¿el show de strippers implicó una o varias transgresiones a los derechos humanos de las universitarias? Para poder responder es importante, al menos, identificar a cuáles derechos humanos nos estaríamos refiriendo. Desde mi punto de vista, al que se puede apelar ante un espectáculo como este es: “a vivir una vida libre de violencia” (el cual involucra a la dignidad, integridad, libertad, igualdad, no discriminación, entre otros).
 Las violencias contra las mujeres, como resultado de la desigualdad entre los sexos, implican una forma de ejercicio de poder y un mecanismo de control que se tolera a diario, por ello son, en sí, una violación a los derechos humanos. Entonces, la pregunta sería ¿el show de strippers involucró violencias contra las mujeres? Sí. ¿De qué tipos y modalidades? La respuestas a este último cuestionamiento implicarían problematizar ¿a quiénes se agredió,  en qué espacio y de qué manera se agredió? Y, no es que sea irrelevante cuestionarse por el “quién”, pero, prefiero no abundar en ello porque hay instancias legales que pueden resolverlo.
Este evento contratado por el SPAUAZ involucró –para algunas de las allí presentes– una imposición que lastimó el derecho a la libertad. La omisión de la información o el hecho de que no se haya avisado que en el festejo habría un espectáculo de strippers transgredió nuestro derecho a decidir si anhelábamos presenciar un baile con hombres semidesnudos; si deseábamos ser tocadas, restregadas o rozadas por individuos desconocidos; o si queríamos observar cómo algunas de nuestras compañeras estaban siendo hurgadas por un completo extraño.
         Al respecto, alguien se atrevió a decir: “si no les gustó, tenían la libertad de salirse de la fiesta”. De entrada sí, tuvimos la libertad de retirarnos del lugar, pero ese no es el punto, por ello he preferido no entrar en esa discusión porque sé que esa débil argumentación lo que intenta es descalificar, antes que generar diálogo o conciencia sobre las violencias de género ocurridas a raíz de ello.
Aparentemente en ese momento la mayoría de las maestras reunidas en el evento del SPAUAZ decidió libremente participar de los bailarines y la música ofrecida (quiero pensar que fue así y que ningún condicionamiento social y de género estuvo presente para que se adhirieran a show). Sin embargo, una decidió externar su inconformidad –en corto– al Secretario General; unas cuantas se retiraron del lugar; otras prefirieron salir a la terraza mientras terminaba “la fiesta”, fingieron entretenerse en sus aparatos móviles o simularon que allí no estaba pasando nada (esto también por condicionamientos de género que pesan sobre las mujeres); y, creo que esa minoría de la que hablo, aunque aparentamos estar en otra cosa, en realidad estuvimos alertas para que nuestro espacio personal no se viera vulnerado ante “la amenaza” de que en cualquier momento los jóvenes semidesnudos se acercarían a nuestra mesa. Qué incomodidad, ¿no? Pues sí, la molestia que se generó en algunas de nosotras tiene que ver con el hecho de que se menoscabó nuestro derecho humano a vivir una vida libre de violencia. 
El artículo primero de la Constitución federal establece que todas las personas tenemos derecho a gozar de los derechos humanos reconocidos formalmente. Esto implica –sí o sí– que “todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias deben promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos”. El SPAUAZ, aunque se trate de una asociación de académicos y académicas; se rija por el principio de autonomía colectiva o gremial, está obligado a cumplir con la legislación internacional, nacional y local; no sólo la universitaria. El Comité Ejecutivo (cuyo representante es el Secretario General), no obstante sea un órgano de implementación de los acuerdos de la Asamblea General y de la Coordinadora de Delegados, tiene la obligación de actuar con base en los derechos humanos de sus agremiados y agremiadas. A lo único a lo que no están obligados(as) es a incorporar la perspectiva de género en sus acciones (eso es una de las cosas que aún no se ha podido lograr, pero para allá vamos). Pero, sí debe conducirse conforme al principio de libertad e igualdad de sus apremiadas.

¿Cuál igualdad? ¿la de regalarles a todas un show de strippers? Si eso fuera, entonces, ¿dónde quedan las decisiones que en colectivo deben de tomarse?
¿La de contratar dicho evento para demostrar que tanto las mujeres como los hombres pueden divertirse con cuerpos hipersexuados, semidesnudos? No. Eso no es igualdad y nunca lo será porque con ello se promueve e impone una visión hegemónica y heteronormada de la convivencia humana; y lo único que desata son diversas infracciones a los derechos humanos.
 Esta indebida contratación de strippers para un evento público con maestras trajo como consecuencia que se violentara a todas las universitarias. A las que asistieron y a las que no, a las que bailaron y a las que no, a las que consintieron y a las que no, a las que son madres y a las que no; es más, si me apuran, debo decirles que por el mensaje que envió la UAZ con este acto, se violentó a todas las mujeres dentro y fuera de la Institución. Sin embargo déjeme comentarle sólo cinco aspectos de este hecho tan lamentable:
1.- Se actualizaron, en principio, una serie de violaciones a los derechos de las mujeres allí presentes; de quienes no estuvieron de acuerdo, de quienes sí y de quienes sólo acompañaban a sus madres. Porque, también se transgredieron derechos humanos de los y las menores de edad que las acompañaban (por cierto, muchas mujeres, por condicionamientos de género, no tienen o no pueden encargar a sus hijos(as) para poder disfrutar de un tiempo libre).
2.- Se generó una cantidad de comentarios denigrantes en contra de las maestras que decidieron participar en la pista de baile; en esta sociedad es una constante culpar a la víctima de la violencia que recibe. En este caso, de inmediato comenzaron a circular videos –sin el consentimiento de ellas– en las redes sociales sobre el show. Por lo que también existió violencia de género en línea, que no tuvo y tiene otra intención más que “recordarnos” que las mujeres “debemos cuidar nuestra reputación”: “Pero, por qué te quejas de los malos comentarios, te lo mereces, tú tienes la culpa por pararte a bailar o permitir que bailaran en tu mesa”.
3.- Se dejó ver la violencia dirigida contra las universitarias que osamos levantar la voz para denunciar en redes, medios de comunicación e instancias correspondientes sobre la desafortunada decisión que tomó el SPAUAZ al imponer un show de strippers: “Bien, muy bien, no te preocupes, no es un acto indebido, ellas son unas viejas locas, amargadas, que no saben divertirse o tienen envidia de quiénes sí lo saben  hacer”, "además ellas por qué reclaman, si ni siquiera son madres ni fueron al evento". Como si el derecho a la protesta estuviera limitado por condición de maternidad o por exclusividad de participación.  
4.- Existió el señalamiento o la criminalización de la compañera –no enunciaré su nombre porque ello implica culpar nuevamente a una mujer– que decidió, sin avisar al Comité Ejecutivo y al Secretario General del SPAUAZ, contratar dicho servicio de bailarines: “la idea fue de una mujer, ella contrató, ella es la responsable”.
5.- Se actualizaron una serie cuestionamientos a las universitarias que alzamos la voz por este desafortunado hecho público –y que trajo como consecuencia lamentables opiniones acerca de la comunidad universitaria–, por no habernos solidarizado con otros actos de violencia de género institucional, perpetrados de manera individual al interior de la UAZ y que, por su naturaleza, tienen un procedimiento legal específico para su denuncia. Esto es, hemos sido señaladas por no actuar en contra de todas las violencias contra las universitarias. Como si estuviéramos obligadas a conocerlas y a pronunciarnos por ello y por todo. En ese sentido quiero pensar que nos falta promover más el significado del ejercicio de las ciudadanías.

Ante esta serie de lamentables consecuencias, y otras más, que atrajo un evento tan desafortunado como el que ocupa nuestra crítica, pareciera que las culpables somos las mujeres y no las circunstancias sociales que permiten, promueven o reproducen la violencia de género. A veces, preferimos dirigir nuestros cuestionamientos hacia nosotras: por estar, por no querer estar, por denunciar, por no denunciar bien y por todo, por contratar, por llevar a los hijos e hijas, por no saber cuidar nuestra reputación, etc., etc.


Por ello, no creo prudente buscar un responsable porque en ese camino nos perdemos; los prejuicios –de los cuales es muy complicado despojarse– nos pueden hacer una mala jugada. Prefiero, en todo caso, invitar a la reflexión y a generar conciencia sobre la violencia contra las mujeres, que practicamos diariamente sin darnos cuenta, y en los efectos que ello produce. Lo más grave de que en la UAZ se crea que se puede imponer en los cuerpos de las mujeres formas de divertirse, es que se actualizó una violencia más de las que ya de por sí iban en aumento en contra de maestras, trabajadoras y alumnas.

lunes, 9 de mayo de 2016

Mi día de las alternativas de maternidades libres de culpa en el evento del SPAUAZ

Por Adriana Guadalupe Rivero Garza
o femin_ite_iste

Hoy decidí ir al festejo que el Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) realiza año con año con motivo del “Día de la Madre”. Hace algún tiempo dejé de asistir, sin embargo, desde el 2015 regresé, aunque no muy convencida.

Consciente de lo que significa este día (pues como telón de fondo se promueve la idea de que la maternidad es destino-obligación y no un derecho que tenemos las mujeres) pero deseosa de volverme a reunir y convivir con compañeras de trabajo, escuela, Institución, de mi UAZ, me dije: “hoy me invitaron al festejo de las alternativas de maternidades libres de culpa”. Casi logro sobrevivir al evento, mis objetivos por poco se cumplían: vi reunidas, contentas, dichosas y sonrientes a mujeres, docentes e investigadoras, universitarias que desde sus vivencias ejercen diversas maternidades. Estaba feliz hasta que aparecieron unos tipos semi-encuerados bailando Everybody, yeah… Rock your body, yeah… Everybody, yeah” y embarrando su masculino ser en el cuerpo de muchas docentes que a leguas se veía no la estaban pasando bien (no todas, algunas de ellas estaban prácticamente encantadas, lo cual respeto profundamente). En pocas palabras, estaban siendo acosadas y violentadas por esos extraños contratados por el SPAUAZ o quién sabe las diosas por quién. El mensaje que nos envió nuestro sindicato fue muy claro: “creemos que nuestras docentes se divierten con strippers, con cuerpos hipersexuados y penes simbólicamente expuestos” en lugar de “creemos que nuestras docentes merecen dignificar el ejercicio de sus diversas maternidades".

¡Chingado! ¡Pinche patriarcado! ¿No descansas nunca?

Estimada lectora, usted no está saberlo ni yo para contarlo pero, este 2016 cumplo veintiún años trabajando para la Universidad Autónoma de Zacatecas. Los primeros años, a los únicos eventos que acudía - muy orgullosa por cierto - era a los festejos que con motivo del “Día del Maestro” organizaba el SPAUAZ. Muy chidos, much@s docent@s asistían; algun@s iban con sus compañer@s de trabajo y otr@s más con sus familias. Hoy recordábamos que en una ocasión, creo que a la última comida que asistí, llegamos más docentes de l@s que se esperaban. Por ello,  much@s nos quedamos sin ingerir alimento. Otros, más listillos, como estaban parados a lado de la cocina, sólo esperaban a que salieran los meseros y tomaban el plato de barbacoa, con frijoles y arroz; de tal manera que la charola quedaba vacía antes de llegar a alguna mesa. Reímos mucho hoy al recordar tal episodio.
            Luego, una vez que nació mi primera hija me sumé a los festejos del “Día de la Madre” que realizaban el SPAUAZ, el Ceciuaz y donde cursaron la primaria mis hijas. Las vi bailar, cantar, brincar, recitar y actuar; algunas veces lloré de la emoción: “¡mi hija de tres años bailando tangoooo con el niño del que estaba enamorada!” Pero, además, recibía gustosa las flores, los chocolates y la cantidad de “adornos para la casa” que nos obsequiaban muy amablemente a todas las mamás.
            Desde hace trece o catorce años, entonces, comencé a asistir a esas "festividades". No es por nada, pero, más chidas que los del día del maestro:  universitarias reunidas, compartiendo alimento, bebida, sonrisas, pláticas, deseos, anhelos (el deseo que jamás ha cesado es el de sacarse un premio en la rifa que año con año se ofrece), música, baile, compañía, confianzas, complicidades entre mujeres. Es tal el bienestar que se percibe en esos lugares (se percibía, este año ya no fue así) que la mayoría se levanta de la mesa sin el temor de que en cuanto lo hagas alguien volteará a verte las nalgas (o las piernas si traes vestido… o las dos cosas), o que si estás platicando frente a frente voltearán a verte el escote. No, nada de eso sucede. En cambio las docentes bailan y sacan sus mejores pasos. Así, libres. Las que son imparables son mis amadísimas maestras del Ceciuaz, ellas tienen una energía impresionante, desde que comienza la música hasta que se termina no paran de bailar; y, además, casi siempre se llevan un gran número de premios en la rifa. Llámenle como quieran pero para mi que ellas tienen un pacto con las niñas y niños con l@s que conviven diariamente. El punto es que más que un día de las madres en la UAZ parece un día de las mujeres libres (escribo esto con la conciencia de mis privilegios, porque sé que miles de mujeres son violentadas a diario, incluso “el día de las madres”).
            En el 2007 conocí el feminismo y comprendí que el 10 de mayo, en México, es el símbolo máximo del mito de la madre. Es decir, es el día en que se reúne real, imaginaria y simbólicamente toda la exaltación de la función biológica de la mujer, en términos despectivos: se le hace fiesta a la terrible idea de que las mujeres somos “un horno para bollos, que parimos con dolor por pecado original y que además el ser madres es nuestro único y obligado destino”. Todo esto, para encubrir el hecho de que como seres humanas libres, autónomas, capaces, libres de decidir lo que queremos para nosotras, no se nos permite desarrollarnos, no se nos reconocen derechos y no se nos hace justica.
¿Esto qué significa, pues? Que el día de la madre es el pretexto perfecto para seguir instaurando un ideal de mujer sacrificada, abnegada, que renuncia a sus anhelos y ambiciones por amor a sus hijos e hijas y, por tanto, es anulada como individuo. Peor se las cuento, este día también es un invento comercializado que nos vende a la madre de almacenes, restaurantes, comercios, negocios varios, etc. Más o menos así las cosas.
Luego de que conocí el feminismo dejé de acudir a estos eventos. No a los de las escuelas de mis hijas, a esos siempre fui porque para ellas era importante verme presente. Lo que sí hice al respecto fue comenzar a hacerlas conscientes de lo que significa este día, de la lucha feminista por desmontar el mito de la maternidad y hacerles saber que las mujeres tenemos derecho a decidir si queremos ser madres o no. No sé si lo logré, pero tengo algunos años que tampoco voy a fiestas de esas en las escuelas, mis hijas ya no participan más de esos bailables, ya no quieren (confieso que no sé si es porque hice conciencia en ellas o porque ya crecieron y les vale un cacahuate vestirse de porristas y bailarle a las mamás).
Las primeras veces que fui a los festejos del “día de las madres”, luego de ser feminista, sufría y mucho. También lloré cuando mis hijas aparecían en escena pero, ahora, del pinche remordimiento de conciencia por seguir reproduciendo, con mi presencia y aplausos, los roles y estereotipos ligados al ejercicio de las diversas maternidades que muchas veces no son libres, son impuestas y obligan a las mujeres a vivir sólo para el otro.
Peor aún, las primeras veces no quería decirle a mis maestras feministas que iba a un evento de dicha naturaleza, ¡nooo!!, ¡qué terror!!, ¿cómo les iba a pedir permiso de ausentarme de clase para hacerle honor al 10 de mayo?  si lo que estaba aprendiendo era que año con año hay una manifestación en contra de este día (nota aclaratoria: las protestas feministas son en contra del mito de la maternidad, no en contra de las mujeres que son madres).
Como quiera que sea, me sentía -como lo describe Kristina Schröder- vigilada por feministas que iban en helicóptero sobrevolando a otras feministas que decidían festejar el Día de las Madres. No era cierto, claro que no, todo me lo inventé, pero de todas formas sólo de imaginarlo ¡qué miedo!
Lo que sí es cierto es que hace poco fui criticada y señalada por una maestra, en su salón de clase y en mi semi-ausencia, por haber pedido permiso para salir temprano y alcanzar a llegar a estar con mi hija, en su escuela, un 10 de mayo. Su burla se dirigió principalmente a la contradicción que a ella le suponía que ¡una feminista prefiriera ausentarse del espacio del saber para ir a festejar el día de las madres! (JaJaJa, se oyeron risas mientras yo apenas cerraba la puerta del aula. Otra de mis compañeras de esa misma clase para evitar el señalamiento prefirió faltar, decir que estuvo enferma).
 Luego de muchos conflictos internos regresé a los eventos del SPAUAZ. Hace un año. Quise volver a encontrarme con mis inigualables maestras del CECIUAZ baile y baile, brinque y brinque, grite y grite. A esperar el discurso de alguna docente que se apropia del micrófono para regalar a la Casa Hogar los diez mil pesos que se ganó en la rifa y para hablar de… del capitalismo... Y, luego, que a lo lejos otra docente le gritara "¡regálamelos a mi, yo tengo cinco hijos!" O de las rechiflas al Rector y halagos al Secretario del SPAUAZ por los obsequios. A sentir la emoción de los encuentros y los desencuentros. A ver a mis compañeras docentes, investigadoras, abogadas, filósofas, arqueólogas, psicólogas, pedagogas, enfermeras, ingenieras, historiadoras, odontólogas, matemáticas, químicas, físicas, ¡feministas! (vi como a diez, lo siento, no puedo evitar. subrayarlo), universitarias todas, que ejercen su maternidad “quién sabe cómo”, porque de todo se habla, de ciencia, política, trabajo, cine, música; casi de todo y muy poco de cómo eres madre. Es más, creo que sería un buen ejercicio que allí pudiéramos compartir nuestras diversas experiencias en el ejercicio de la maternidad, sería un acto sumamente político.
Así que, el asunto iba bien hasta que aparecieron los strippers esos a arruinar el festejo que yo me había creado y darme cuenta que la violencia, la falta de garantía de los derechos humanos, la ausencia de promoción institucional por un profundo cambio cultural que valore y respete a las mujeres están ahí, diariamente, en todos los espacios, en tu lugar de trabajo y/o convivencia; y muchas veces el sólo hecho de estar presentes (observando cómo le restriegan el pene a una docente que NO pidió que lo hicieran, que varias veces se quitó, se movió y se intentó alejar,  pero que aún así la forzaron a “unirse a la fiesta”) es una manera de ser cómplices y perpetuar las violencias que se practican, con la venia institucional, en contra de una o muchas de nosotras. 
Ni modo. A esperar que mañana salga en los principales medios de comunicación la nota: “Agasajan con strippers a docentes de la UAZ en SU DÍA.” Luego, a interponer quejas.

P.D. Creo que el SPAUAZ nos debe una disculpa, los efectos del espectáculo que montó ya se hicieron presentes. Las maestras que acudieron al centro de la pista a bailar con los strippers ahora son señaladas, juzgadas, violentadas y estigmatizadas por los videos y comentarios denigrantes que circulan en redes sociales. Terrible mensaje el que envió nuestro sindicato. Terrible que nos hizo el pretexto perfecto para que la doble moral de algun@s se hiciera presente. Terrible.


                       

sábado, 7 de mayo de 2016

#MiPrimerAcoso

#24Abr #2016 #MiPrimerAcoso nos invita a expresar, en redes, el acoso al que todas las mujeres hemos estado expuestas a lo largo de nuestras vidas. Nos convoca a no quedarnos calladas, a no avergonzarnos.
Ayer lo hice en Twitter, hoy, con las características que ha tomado el Face, lo comparto:

- #MiPrimerAcoso a los 7 años, mientras jugaba con mis amigas en la calle, un hombre, pareja de una vecina, trató de meterme a la fuerza a su casa. Pude salir corriendo.
-#MiPrimerAcoso Cuando era niña, mis hermanas y amigas salíamos a jugar al parque. Un hombre que vivía en departamentos cercanos se mostraba desnudo cuando nos veía pasar.
-#MiPrimerAcoso En secundaria, un tipo pasó en bicicleta y me dio una nalgada.
-#MiPrimerAcoso En preparatoria, en autobús, mientras viajaba de noche al DF, un tipo aprovechó que dormía para tocarme. El chofer y las personas no hicieron nada al respecto.
-#MiPrimerAcoso En Licenciatura, mi maestro de Derecho Constitucional decidió que yo sería "su bebé". Todo el semestre fui sujeta de sus agresiones sexuales verbales. 
-#MiPrimerAcoso En Licenciatura, el maestro de Derecho Fiscal me pidió que me sentara en sus piernas.
-#MiPrimerAcoso En Licenciatura, un amigo, pensó que "yo había bebido de más" y decidió bajarse el cierre de su pantalón y poner mi mano en su pene.
-#MiPrimerAcoso En el trabajo, mi jefe decidió que apoyaría en la promoción laboral sólo a los hombres, porque ellos eran el sustento de sus familias. A las mujeres no, a nosotras debían mantenernos nuestros maridos.
-#MiPrimerAcoso Algunos "amigos" al saber que soy una mujer "divorciada" pensaron que podían besarme o tocarme por creer que "estoy disponible".
-#MiPrimerAcoso Hace unos meses, al defender a una compañera del acoso al que estaba siendo sujeta, "un amigo" me dijo que si tenía envidia por ser una "mal cogida". 
-#MiPrimerAcoso, hoy, 24 de abril, al escuchar, en el desayuno, los acosos contra mis hijas y sobrina por parte de maestros, familiares, amigos y desconocidos.
 #Vivasnosqueremos